Un estudio del Howard Hughes Medical Institute, liderado por la neurocientífica Amita Sehgal, aporta nuevas evidencias sobre cómo el sueño protege las células cerebrales. Los resultados fueron publicados en la revista Nature y refuerzan la idea de que dormir es una forma de mantenimiento profundo del cerebro.
Energía, desgaste y metabolismo neuronal
Durante años, el sueño fue interpretado sobre todo como un fenómeno psicológico o conductual. Sin embargo, hoy se sabe que cumple funciones celulares esenciales. Su presencia en casi todo el reino animal —desde insectos hasta mamíferos— indica que responde a una necesidad biológica básica.
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“El sueño está ampliamente conservado en la evolución, lo que sugiere que cumple una función fundamental para la vida”, explica Sehgal. Para comprenderla, su equipo trabajó con modelos experimentales como la mosca de la fruta, que permiten observar con gran detalle lo que ocurre dentro de las neuronas.
Mientras estamos despiertos, las neuronas consumen grandes cantidades de energía. Ese trabajo constante genera residuos metabólicos, incluidas moléculas oxidantes que, si se acumulan, pueden dañar componentes celulares. Es un proceso comparable al desgaste de un motor en funcionamiento continuo.

El “servicio de limpieza” que se activa al dormir
El estudio demostró que durante el sueño el cerebro activa sistemas específicos para gestionar esos residuos. Parte del material oxidado se transfiere a las células gliales, encargadas de tareas de soporte y mantenimiento, donde puede ser reciclado o eliminado.
Además, el descanso regula la autofagia, un mecanismo interno mediante el cual las células degradan y reutilizan componentes dañados o envejecidos. Esto incluye mitocondrias deterioradas, estructuras fundamentales para la producción de energía. Renovarlas es clave para que las neuronas sigan funcionando de manera eficiente.
Durante el sueño también aumenta el intercambio de moléculas entre el cerebro y la sangre, lo que facilita la eliminación de sustancias potencialmente tóxicas. En conjunto, estos procesos convierten al descanso en una etapa activa de mantenimiento biológico.

Sueño, Alzheimer y neurodegeneración
Cuando el sueño es insuficiente o de mala calidad, estos sistemas de limpieza funcionan peor. Los residuos se acumulan, el metabolismo neuronal se vuelve menos eficiente y aumenta el riesgo de daño celular.
El equipo de Sehgal identificó, además, mecanismos de transporte de residuos en moscas que recuerdan al papel de la apolipoproteína E en humanos, una proteína cuya variante genética está asociada a un mayor riesgo de Alzheimer. Este paralelismo refuerza la conexión entre sueño, metabolismo cerebral y enfermedades neurodegenerativas.
Alteraciones en la autofagia y en el manejo de lípidos —ambos procesos influenciados por el sueño— ya habían sido vinculadas al Alzheimer. Este trabajo aporta una base celular más clara para entender esa relación.
Dormir como estrategia de protección cerebral
Aunque se trata de investigación básica, los hallazgos tienen implicancias importantes. Comprender cómo el sueño protege a las neuronas abre nuevas líneas para la prevención y el tratamiento de trastornos neurodegenerativos.
Lejos de ser un estado pasivo, dormir aparece como un proceso activo y esencial: mientras descansamos, el cerebro elimina desechos, repara su maquinaria energética y se prepara para un nuevo día de actividad. Cuidar el sueño, por lo tanto, no es solo una cuestión de bienestar inmediato, sino una inversión a largo plazo en salud cerebral.






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