Durante décadas, los científicos observaron a una de las comunidades de chimpancés más grandes del mundo sin imaginar que serían testigos de algo extremadamente raro. Lo que comenzó como pequeños cambios en el comportamiento terminó convirtiéndose en un conflicto sostenido, con muertes, persecuciones y una ruptura total de vínculos. No fue una pelea aislada: fue una auténtica “guerra civil” dentro de una misma comunidad.
Un grupo que dejó de ser uno
El conflicto se desarrolló en el Parque Nacional de Kibale, dentro de la comunidad de Ngogo, que llegó a tener cerca de 200 individuos.
Durante años, este grupo fue un ejemplo de cohesión social. Sin embargo, en 2015 comenzó a observarse un cambio inesperado: los chimpancés dejaron de interactuar como antes.
Primero aparecieron señales de polarización. Luego, evitación. Finalmente, la ruptura.
El grupo terminó dividido en dos facciones: el grupo Central y el Occidental. Y a partir de ese momento, la convivencia dejó paso a la violencia.
De la separación al conflicto abierto
Entre 2015 y 2018, la distancia entre ambos grupos se volvió cada vez más marcada.
Lo que antes era un solo grupo pasó a convertirse en dos comunidades independientes, con territorios y dinámicas propias. Pero la historia no terminó ahí.
En 2018 comenzó la fase más grave: ataques organizados entre los dos grupos.
El grupo Occidental inició patrullas y ofensivas sistemáticas contra el Central. En total, se registraron al menos 24 ataques hasta 2024, con consecuencias letales:
- al menos 7 machos adultos muertos
- 17 crías fallecidas
- múltiples muertes adicionales de origen no natural
Un nivel de violencia extremadamente raro en chimpancés que antes convivían.

Las causas detrás de esta “guerra civil”
Los investigadores identificaron varios factores clave que explican esta ruptura.
El primero es el tamaño del grupo. Con casi 200 individuos, mantener vínculos sociales estables se vuelve mucho más difícil. La competencia por alimento, territorio y reproducción aumenta, y la cohesión se debilita.
El segundo factor fue el cambio de liderazgo. En 2015, un relevo en el macho alfa coincidió con el inicio de la división. Estos cambios en la jerarquía pueden generar tensiones y modificar alianzas internas.
Por último, hubo eventos críticos que actuaron como detonantes. En 2014 murieron varios individuos clave, lo que alteró el equilibrio del grupo. A esto se sumó una epidemia respiratoria que redujo la población y debilitó aún más los lazos sociales.
La combinación de todos estos elementos creó un escenario perfecto para el conflicto.
Un fenómeno extremadamente raro
Este tipo de división permanente dentro de un mismo grupo es excepcional.
Los científicos estiman que podría ocurrir una vez cada varios siglos en poblaciones salvajes. Por eso, el caso de Ngogo resulta tan relevante para la investigación.
El único antecedente comparable es el conflicto de chimpancés en Gombe, en los años 70, donde también se produjo una escisión seguida de violencia letal.
Sin embargo, aquel caso fue considerado durante mucho tiempo una anomalía. Ahora, Ngogo demuestra que estos episodios, aunque raros, pueden repetirse.
Lo que este conflicto revela
Más allá del impacto, este fenómeno ofrece una mirada profunda sobre la naturaleza social de los chimpancés.
Muestra hasta qué punto dependen de la cohesión del grupo y cómo, cuando esa estructura se rompe, pueden emerger comportamientos extremos.
Porque cuando los vínculos desaparecen, incluso las comunidades más estables pueden transformarse en escenarios de enfrentamiento.
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