No se ve a simple vista, pero está ahí. En aulas llenas, pasillos transitados y primeras clases universitarias, una parte importante de los estudiantes carga con algo más que nervios o incertidumbre. Los datos más recientes de la UNAM revelan un fenómeno que crece en silencio y que ya no puede ignorarse.
Un dato que cambia el panorama
De los 84.000 estudiantes que ingresaron en 2025, cerca de la mitad reportó síntomas vinculados a ansiedad, depresión u otros malestares emocionales.
La cifra no implica un diagnóstico clínico, pero sí refleja una percepción extendida de malestar.
Un salto que preocupa a la universidad
Antes de la pandemia, entre el 10 % y el 15 % de los alumnos reportaba este tipo de síntomas.
Hoy, el número ronda el 50 %, lo que supone un aumento drástico en apenas unos años.
El impacto del confinamiento
Las autoridades universitarias apuntan directamente a la pandemia como factor clave.
El aislamiento prolongado afectó especialmente a jóvenes que atravesaban etapas fundamentales para su desarrollo social.

Una generación marcada por la desconexión
Muchos estudiantes llegan con dificultades para relacionarse, inseguridad en entornos sociales y sensación de aislamiento.
Problemas que antes se desarrollaban gradualmente ahora aparecen de forma más intensa.
Más percepción que diagnóstico
Es importante distinguir entre sentir malestar y padecer un trastorno mental.
Cuando el malestar se vuelve cotidiano
Para muchos jóvenes, estos síntomas no son episodios aislados, sino parte de su día a día.
La transición a la vida universitaria, que ya de por sí es exigente, se vuelve aún más compleja.
La respuesta de la UNAM
Frente a este escenario, la universidad implementó estrategias de acompañamiento.

Un enfoque centrado en el acompañamiento
El objetivo no es solo tratar casos graves, sino también intervenir a tiempo.
Ayudar a los estudiantes a gestionar sus emociones puede prevenir problemas mayores.
Un fenómeno que trasciende fronteras
La situación no es exclusiva de México.
Un desafío para el sistema educativo
Las universidades ya no solo deben formar profesionales.
También necesitan ofrecer herramientas emocionales que permitan a los estudiantes sostener su bienestar.
La otra cara del regreso a la normalidad
Aunque las clases volvieron a la presencialidad, las consecuencias del confinamiento siguen presentes.
El impacto no desapareció con el fin de la pandemia.
Una crisis que ya no es invisible
Lo que antes era un tema secundario hoy ocupa un lugar central.
Y entenderlo a tiempo puede marcar la diferencia entre acompañar el cambio… o ignorar una crisis que ya está en marcha.
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