La lluvia no siempre empieza en el cielo. Aunque parezca contraintuitivo, un nuevo estudio sugiere que algunos de los procesos que permiten que caiga agua podrían originarse en el suelo de los bosques. Allí, organismos microscópicos como los hongos estarían liberando compuestos capaces de influir en la formación de nubes. Este hallazgo no solo cambia lo que sabemos sobre el clima, también revela una conexión invisible entre la tierra y la atmósfera.

Un proceso que comienza en las nubes… y en el suelo

El agua en la atmósfera puede mantenerse líquida incluso a temperaturas muy bajas, pero necesita una superficie sobre la que cristalizar. Tradicionalmente, ese papel se atribuía a partículas como polvo o hollín, aunque su eficacia es limitada.

Desde hace tiempo se sabe que ciertas bacterias pueden facilitar este proceso, pero ahora la ciencia apunta a un nuevo protagonista: los hongos del suelo.

Hongos que liberan señales invisibles

Las especies estudiadas pertenecen a grupos como Fusarium y Mortierella. A diferencia de las bacterias, estos organismos no retienen sus proteínas, sino que las liberan al entorno.

Estas proteínas, solubles y de pequeño tamaño, pueden desplazarse con facilidad, lo que amplía enormemente su alcance más allá del lugar donde se originan.

El mecanismo que conecta bosque y atmósfera

El proceso es tan silencioso como complejo. En suelos húmedos, los hongos liberan proteínas que son transportadas por el viento hacia la atmósfera. Allí, incluso en nubes ligeramente frías, estas partículas actúan como núcleos que facilitan la formación de cristales de hielo.

Cuando esos cristales crecen, caen en forma de precipitación, completando un ciclo que vuelve a alimentar el suelo del bosque.

la lluvia podría empezar bajo tierra: los hongos que influyen en el clima sin que lo sepamos
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Un ciclo natural de retroalimentación

Este fenómeno genera un circuito continuo. La lluvia favorece el crecimiento de los hongos, los hongos liberan más proteínas, y estas contribuyen a nuevas precipitaciones.

De esta manera, el ecosistema podría estar regulando parte de su propio suministro de agua sin intervención externa.

Proteínas que sobreviven más que el organismo

Uno de los aspectos más sorprendentes es la resistencia de estas moléculas.

Pueden permanecer activas incluso después de que el hongo haya desaparecido, viajar a través del agua, secarse y convertirse en partículas transportadas por el viento, manteniendo su capacidad de influir en la formación de hielo.

Un rol distinto al de las bacterias

Mientras que algunas bacterias utilizan este mecanismo para dañar tejidos vegetales y acceder a nutrientes, ciertos hongos cumplen una función más equilibrada.

En lugar de afectar negativamente a las plantas, contribuyen a crear un entorno más estable alrededor de sus raíces.

Un origen evolutivo inesperado

El estudio también reveló cómo estos hongos adquirieron esta capacidad.

Mediante transferencia horizontal de genes, incorporaron información genética de bacterias hace millones de años, lo que les permitió desarrollar esta función sin evolucionarla desde cero.

Implicaciones para el clima global

Si estos organismos influyen realmente en la formación de precipitaciones, su papel en el clima podría ser mucho más relevante de lo que se pensaba.

Esto implica que los ecosistemas terrestres no solo responden al clima, sino que también pueden contribuir a moldearlo.

la lluvia podría empezar bajo tierra: los hongos que influyen en el clima sin que lo sepamos
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Un impacto oculto de la deforestación

La desaparición de bosques podría afectar este sistema invisible.

Al reducir la presencia de estos hongos, se alteraría el ciclo natural que conecta suelo y atmósfera, con posibles consecuencias en los patrones de lluvia.

Aplicaciones que miran al futuro

Este descubrimiento también abre nuevas posibilidades tecnológicas.

Las proteínas fúngicas podrían utilizarse para generar lluvia artificial de manera más limpia que los métodos actuales, que emplean compuestos químicos persistentes en el ambiente.

Un nuevo vínculo entre lo invisible y lo esencial

El hallazgo redefine la relación entre organismos microscópicos y fenómenos globales.

Lo que ocurre bajo nuestros pies podría tener un impacto directo en algo tan cotidiano como la lluvia.

Porque tal vez…

el clima no solo se decide en el cielo, sino también en la vida que habita la tierra.

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