En plena tensión energética global, algunas comunidades rurales de India están recuperando una práctica que nunca desapareció del todo: utilizar estiércol de vaca como fuente de energía doméstica. Lo que para muchos puede parecer una solución del pasado, en realidad se ha convertido en una alternativa económica frente al precio del gas licuado de petróleo y las dificultades de suministro vinculadas a la inestabilidad internacional.

Una solución antigua ante un problema moderno

Durante años, el Gobierno indio impulsó el programa Pradhan Mantri Ujjwala Yojana, destinado a facilitar el acceso de millones de hogares a bombonas de gas subvencionadas. La medida buscaba reducir la dependencia de combustibles sólidos como la leña, el carbón vegetal o el estiércol seco, muy utilizados en zonas rurales.

Sin embargo, tener una bombona en casa no garantiza poder usarla todos los días. Para muchas familias, el coste de las recargas sigue siendo demasiado alto, especialmente en hogares con ingresos agrícolas irregulares o trabajos temporales. Frente a eso, el estiércol de vaca ofrece una ventaja decisiva: está disponible de forma local y gratuita para quienes tienen ganado.

Esta realidad explica por qué muchas aldeas combinan el uso del gas con fuentes tradicionales de energía. Como ocurre con ciertos temas que también despiertan interés en medios como Kotaku por su mezcla de tecnología, supervivencia y vida cotidiana, el caso indio muestra cómo una solución aparentemente sencilla puede revelar tensiones mucho más profundas.

Del humo contaminante al biogás

El estiércol puede utilizarse de dos maneras principales. La más tradicional consiste en secarlo al sol en forma de tortas y quemarlo directamente para cocinar o calentar agua. Aunque es barato y accesible, este método tiene un problema serio: produce humo y gases contaminantes dentro de las viviendas.

La contaminación del aire en interiores sigue siendo una amenaza importante para la salud, sobre todo para las mujeres que pasan muchas horas cerca de los fogones. La exposición diaria a estos humos puede agravar enfermedades respiratorias y mantener un problema sanitario que las políticas públicas intentan reducir desde hace años.

La alternativa más limpia es el biogás. En este sistema, los residuos orgánicos fermentan dentro de un tanque cerrado y sin oxígeno. Ese proceso genera metano, que luego puede utilizarse como combustible para cocinar. Además, el residuo final sirve como fertilizante agrícola, lo que permite cerrar un ciclo útil entre ganadería, energía y cultivo.

El reto de una energía limpia y asequible

India también promueve proyectos como SATAT, orientados a desarrollar biometano y reducir la dependencia de combustibles fósiles importados. Capturar el metano procedente del estiércol tiene una doble ventaja: produce energía renovable y evita que ese gas, con fuerte impacto climático, se libere directamente a la atmósfera.

Aun así, los expertos advierten que no todas las formas de usar estiércol son igual de recomendables. Quemarlo seco puede resolver una necesidad inmediata, pero no es la mejor opción ambiental ni sanitaria. El verdadero desafío consiste en ampliar el acceso a sistemas de cocina limpios, fiables y baratos.

La vuelta al estiércol en India no es solo una curiosidad energética. Es una señal de cómo la crisis global, los precios internacionales y la desigualdad rural pueden empujar a millones de personas a mezclar tradición, necesidad y transición ecológica en una misma cocina.

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