Durante décadas, el paisaje glaciar de Alaska ha cambiado lentamente, pero en los últimos años ese proceso parece haberse acelerado de forma notable. Los lagos formados por el deshielo de los glaciares están expandiéndose con rapidez, creando nuevos riesgos para las regiones cercanas. Un estudio reciente advierte que este fenómeno podría intensificarse en las próximas décadas, aumentando la probabilidad de inundaciones repentinas que amenacen tanto a ecosistemas como a comunidades humanas.

La investigación, publicada en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, revela que los lagos glaciares de Alaska han crecido aproximadamente 60 millas cuadradas entre 2018 y 2024, una tasa que duplica el ritmo registrado entre 1986 y 1999. Gran parte de este crecimiento se debe al aumento de la profundidad de las cuencas glaciales, un proceso vinculado al rápido retroceso del hielo.

Los investigadores estiman que, si las tendencias actuales continúan, la superficie ocupada por lagos glaciares podría alcanzar unas 1.640 millas cuadradas, lo que supondría aproximadamente cuatro veces su tamaño actual.

El crecimiento de los lagos glaciares preocupa a los científicos por su impacto en Alaska
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Un fenómeno global impulsado por el deshielo

El crecimiento de los lagos glaciares no es exclusivo de Alaska. Fenómenos similares se están observando en distintas regiones del planeta, desde la capa de hielo de Groenlandia hasta las montañas de Asia y el oeste de América del Norte.

Estos lagos se forman cuando los glaciares retroceden y dejan expuestas depresiones en el terreno. Estas cavidades, conocidas como sobreprofundizaciones, se llenan rápidamente con agua procedente del deshielo.

A medida que las temperaturas globales aumentan, el hielo se derrite con mayor rapidez, lo que acelera la formación de nuevos lagos. Además, el retroceso de los glaciares deja al descubierto nuevas cuencas que pueden llenarse de agua en poco tiempo.

Según explicó el investigador Dan McGrath, profesor asociado de geociencias en Colorado State University, comprender dónde se formarán estos lagos es esencial para prever cómo evolucionará la pérdida de masa glaciar y cómo afectará al aumento del nivel del mar en el futuro.

Un riesgo creciente de inundaciones repentinas

Aunque los lagos glaciares suelen resultar espectaculares desde el aire, con sus característicos tonos azul brillante, también pueden representar una amenaza importante.

Muchos de estos lagos están retenidos por barreras naturales formadas por hielo o morrenas, acumulaciones de rocas y sedimentos arrastrados por los glaciares. Estas estructuras pueden resultar inestables, especialmente cuando el hielo continúa derritiéndose.

Si la barrera cede, el agua puede liberarse de forma repentina, provocando inundaciones conocidas como GLOF (Glacial Lake Outburst Floods). Estos eventos pueden liberar enormes cantidades de agua en muy poco tiempo.

El crecimiento de los lagos glaciares preocupa a los científicos por su impacto en Alaska
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Un estudio publicado en la revista Nature documentó 1.150 drenajes repentinos de 106 lagos glaciares entre 1985 y 2020. Aunque muchos ocurrieron en zonas remotas, algunos han tenido consecuencias directas en áreas habitadas.

Uno de los ejemplos más conocidos es el caso del Mendenhall Glacier, situado cerca de Juneau. En esta región, el desbordamiento de un lago glaciar ha provocado inundaciones recurrentes durante los últimos quince años, obligando a estudiar posibles soluciones para mitigar el impacto.

Incluso cuando ocurren lejos de zonas habitadas, estas inundaciones pueden causar daños ecológicos importantes, arrancando árboles y alterando los hábitats de peces y otros animales.

Un futuro con menos glaciares

Los científicos advierten que el crecimiento de los lagos glaciares es solo una de las muchas consecuencias del retroceso del hielo en el planeta.

Las proyecciones actuales indican que entre el 50 % y el 80 % de los glaciares del mundo podrían desaparecer antes de 2100 si las emisiones de gases de efecto invernadero continúan al ritmo actual.

Esta pérdida de hielo no solo contribuiría al aumento del nivel del mar, sino que también podría alterar la disponibilidad de agua dulce en muchas regiones del mundo.

En lugares como Alaska, donde todavía existe una enorme cantidad de hielo glaciar, el paisaje continuará transformándose en las próximas décadas. Y junto con ese cambio, también crecerán los desafíos para las comunidades y ecosistemas que dependen de estos frágiles entornos naturales.

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