Hay casos policiales que terminan convertidos en parte de la cultura popular, incluso cuando detrás de ellos existen vidas que quedaron reducidas a unas pocas líneas. Barreda recupera uno de los crímenes más recordados de La Plata y propone mirar aquella historia desde las mujeres que durante años quedaron detrás del nombre de su asesino.

Una historia conocida desde el lado equivocado
La película dirigida por Daniela Goggi parte de un caso que durante décadas ocupó titulares, programas de televisión y conversaciones cotidianas en Argentina. Sin embargo, su principal decisión narrativa consiste en cambiar el centro de atención: Ricardo Barreda deja de ser el único protagonista de la historia para que Gladys McDonald, Elena Arreche, Cecilia y Adriana recuperen un espacio que durante años les fue negado.
La producción reconstruye el contexto familiar previo al crimen y busca mostrar quiénes eran esas cuatro mujeres más allá del momento en que sus vidas fueron interrumpidas. El objetivo no es solamente volver a contar lo sucedido, sino revisar la forma en que aquella tragedia fue interpretada por la sociedad.
Luis Machín asume el papel de Barreda, mientras Carla Peterson interpreta a Gladys. Mercedes Morán se pone en la piel de Elena y Maite Lanata junto a Margarita Páez interpretan a Cecilia y Adriana. El reparto también cuenta con Marcelo Subiotto, Paola Barrientos y Alberto Ajaka.
La elección del elenco acompaña una propuesta que intenta reconstruir no solo el crimen, sino también las relaciones que existían dentro de la casa. La violencia previa, los vínculos familiares y las tensiones acumuladas adquieren así una importancia que permite comprender el entorno sin convertirlo en una justificación para el asesino.
La película llegará a Prime Video el 28 de agosto y es una coproducción de About Entertainment, Infinity Hill y Amazon MGM Studios. Su llegada plantea además una revisión de la imagen pública que se construyó alrededor del responsable de los asesinatos, una imagen que terminó alejándose de la dimensión real de la tragedia.
Del asesino convertido en personaje a las mujeres olvidadas
Uno de los aspectos más complejos que aborda la producción es la transformación de Barreda en una figura reconocible dentro de la cultura popular argentina. Con el paso de los años, el odontólogo condenado por los asesinatos terminó convertido en protagonista de bromas, referencias televisivas e incluso productos vinculados a su imagen.
Esa construcción estuvo acompañada por relatos que intentaban explicar sus acciones a partir de supuestas humillaciones sufridas dentro de su familia. El problema de esa mirada es que podía terminar desplazando a las víctimas y colocando al victimario en una posición cercana a la de un personaje con el que algunos sectores podían identificarse.
Luis Machín considera que esa representación todavía tiene consecuencias. El actor señaló que el caso fue utilizado durante años para alimentar una visión simplificada de la masculinidad y que determinados discursos terminaron presentando al femicida como una especie de figura reivindicable.
La película busca romper con esa tradición y observar qué había detrás de esa construcción. En lugar de convertir la historia en un relato sobre un hombre llevado al límite, la propuesta pone atención en las relaciones de poder y en las distintas formas de violencia que atravesaban la vida familiar.
Carla Peterson aborda especialmente la situación de Gladys. Su personaje permite mostrar una violencia que no necesariamente necesita expresarse mediante agresiones físicas para convertirse en una amenaza. El control, la dependencia económica y el miedo también pueden formar parte de una relación destructiva.
Mercedes Morán, por su parte, destaca la relación entre Elena y su hija y el contexto social de una época en la que separarse podía representar una decisión mucho más difícil de tomar. La película utiliza esas conversaciones para mostrar cómo las expectativas familiares y sociales podían influir en mujeres que intentaban encontrar una salida.
De esta manera, el relato intenta recuperar algo que durante años quedó eclipsado: cuatro personas con historias propias que terminaron siendo identificadas casi exclusivamente por el crimen del que fueron víctimas.
El rodaje también reconstruyó una violencia difícil de representar
Llevar este caso a la pantalla implicó otro desafío: representar los asesinatos sin convertirlos en el espectáculo central de la película. Las escenas fueron preparadas con cuidado y requirieron un trabajo técnico preciso por parte del elenco, pero la dificultad no estuvo únicamente en la coreografía de las secuencias.
Para los actores, algunos de los momentos más incómodos aparecieron precisamente en las escenas cotidianas. La tensión podía surgir de una conversación, una mirada o un comportamiento aparentemente normal, porque era allí donde la película intentaba mostrar cómo se instala la violencia dentro de una relación.
Mercedes Morán explicó que esas situaciones podían resultar incluso más perturbadoras que las escenas explícitas del crimen. El desafío consistía en construir un personaje cuya presencia transmitiera una amenaza constante sin depender todo el tiempo de la violencia física.
El caso ocurrió el 15 de noviembre de 1992, cuando Barreda asesinó con una escopeta a su esposa, su suegra y sus dos hijas. En 1995 recibió una condena a prisión perpetua y murió en 2020, a los 84 años.
La distancia temporal no ha impedido que el caso continúe formando parte del imaginario colectivo. Precisamente por eso, la película enfrenta una dificultad adicional: contar una historia que buena parte del público cree conocer y conseguir que la mirada cambie.
La apuesta de Goggi pasa por desplazar el foco hacia las víctimas y recuperar sus identidades, evitando que el nombre de Barreda vuelva a ocupar todo el espacio narrativo. El resultado busca que el espectador no se quede únicamente con el crimen, sino que conozca el contexto y las vidas que existían antes de aquella noche.
Más de treinta años después, la pregunta vuelve a plantearse desde otro lugar. Ya no se trata solamente de recordar qué hizo el asesino, sino de preguntarse cuánto se perdió de la historia de las cuatro mujeres cuando la sociedad decidió contar aquel caso casi exclusivamente a través de su victimario.
[ Fuente : infobae ]
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Carolina Couselo cubre cine, series y anime en Oasis Nerd. Cinéfila apasionada, sus reseñas se destacan por una mirada crítica que va más allá de los títulos obvios — siempre en busca de esa película o serie que todavía no encontró su audiencia. Si hay un underdog en las pantallas, Carolina probablemente ya lo vio.




