La Luna conserva en su superficie algunas de las cicatrices más antiguas del sistema solar. Entre ellas, ninguna resulta tan imponente como la cuenca Polo Sur-Aitken, una estructura de más de 2.000 kilómetros de ancho situada en la cara oculta del satélite. Ahora, una nueva simulación sugiere que su origen fue todavía más extraño de lo que se pensaba: el impacto de un asteroide que perdió parte de sus capas externas durante el choque.

Un impacto único que cambió la historia lunar

El estudio, liderado por Shigeru Wakita, de la Universidad de Purdue, utilizó simulaciones tridimensionales de alta resolución para reconstruir cómo pudo haberse formado la cuenca Polo Sur-Aitken. Según el modelo, el responsable habría sido un asteroide diferenciado de unos 260 kilómetros de diámetro, compuesto por un núcleo de hierro denso y capas exteriores rocosas.

Ese cuerpo habría golpeado la Luna a unos 13 kilómetros por segundo y con un ángulo de 30 grados. La trayectoria no fue un detalle menor: un impacto más vertical habría producido una cuenca más redondeada, pero este choque oblicuo permite explicar la forma elíptica y ahusada que caracteriza a Polo Sur-Aitken.

Lo más llamativo del modelo es la llamada “decapitación” del asteroide. Durante el impacto, las capas superiores del cuerpo se habrían desprendido, mientras que su núcleo metálico siguió avanzando y ayudó a definir el perfil cónico de la cuenca. Esa dinámica explicaría mejor la morfología observada y la distribución interna de los materiales.

Materiales profundos expulsados hacia el polo sur

La importancia del hallazgo no está solo en reconstruir un impacto antiguo. La simulación también sugiere que el choque pudo expulsar materiales del manto lunar desde profundidades superiores a los 90 kilómetros. Parte de esos depósitos habría quedado acumulada cerca del polo sur de la Luna, una región que la NASA considera clave para sus próximas misiones Artemis.

Si los astronautas aterrizan en zonas cercanas a esos depósitos, podrían recoger muestras de materiales que nunca fueron analizados directamente. Eso permitiría estudiar la composición del interior lunar y precisar la edad de la cuenca Polo Sur-Aitken, dos datos fundamentales para entender cómo evolucionó la Luna poco después de su formación, hace más de 4.000 millones de años.

Como ocurre con algunos descubrimientos espaciales que también despiertan interés en medios como Kotaku, el atractivo no está solo en la imagen del impacto, sino en lo que podría revelar: una antigua colisión puede haber dejado al alcance de futuras misiones una parte profunda de la historia lunar.

El mayor cráter de la Luna pudo nacer de un asteroide partido antes del impacto
Magnific

Artemis podría abrir una ventana al interior de la Luna

El programa Artemis aparece así como una oportunidad científica inédita. Aunque los planes de alunizaje tripulado han sufrido cambios y retrasos, la exploración del polo sur lunar sigue siendo uno de los grandes objetivos de la NASA. Esta nueva investigación refuerza el valor de esa región, no solo por sus posibles recursos, sino por su capacidad para conservar materiales de enorme antigüedad.

Los investigadores sostienen que, si la simulación es correcta, las muestras recogidas en esa zona podrían revelar la composición del manto lunar y ayudar a fechar con mayor precisión el evento que formó la cuenca. También permitirían comparar los modelos de impacto con evidencias reales obtenidas sobre el terreno.

La cuenca Polo Sur-Aitken deja de ser solo una gigantesca cicatriz en la cara oculta de la Luna. Según este estudio, podría ser una puerta hacia el pasado profundo del satélite, una zona donde quedaron enterradas y dispersas las claves de su origen. Y si Artemis logra acceder a esos materiales, la historia temprana de la Luna podría empezar a contarse con una precisión nunca antes alcanzada.

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