La retina no es solo una superficie sensible a la luz. También es una extensión directa del sistema nervioso central, conectada con el cerebro por vías que procesan información visual y participan en funciones mucho más complejas. Esa relación fue el punto de partida de un experimento desarrollado en Corea del Sur, donde un equipo científico diseñó lentes de contacto capaces de modular circuitos cerebrales vinculados al ánimo.
Una tecnología transparente que actúa sobre la retina
El estudio, publicado en Cell Reports Physical Science, fue liderado por Jang-Ung Park, de la Universidad Yonsei. Su equipo creó una lente portátil, transparente y colocada directamente sobre el ojo, capaz de enviar señales eléctricas muy débiles a través de electrodos ultrafinos de óxido de galio y platino.
La clave está en un sistema llamado estimulación eléctrica por interferencia temporal. En lugar de aplicar una corriente intensa en un único punto, las lentes generan dos señales suaves que solo se combinan al encontrarse en la retina. Desde allí, la estimulación viaja hacia el cerebro por rutas naturales, sin cirugía, sin implantes y sin introducir dispositivos dentro del tejido.
Como ocurre con algunas innovaciones que también podrían despertar interés en medios por su mezcla de ciencia, tecnología portátil y futuro médico, lo llamativo no es solo el dispositivo, sino la idea que hay detrás: usar una lente de contacto como puerta de entrada a redes cerebrales profundas.
Resultados similares a un antidepresivo conocido
Para probar el sistema, los investigadores trabajaron con ratones con síntomas de depresión inducida. Los animales utilizaron las lentes durante tres semanas, en sesiones diarias de 30 minutos. Después de ese periodo, los científicos observaron mejoras en la conducta, en la actividad cerebral y en distintos marcadores biológicos.
Uno de los hallazgos más destacados fue la normalización de la comunicación entre el hipocampo y la corteza prefrontal, dos regiones cerebrales relacionadas con la regulación emocional y frecuentemente implicadas en la depresión. También se detectaron cambios en sangre: los niveles de corticosterona, una hormona asociada al estrés, bajaron un 48%, mientras que la serotonina aumentó un 47% respecto a los ratones deprimidos sin tratamiento.
El estudio comparó cuatro grupos: ratones sanos, ratones con depresión inducida sin tratamiento, ratones tratados con las lentes y ratones tratados con fluoxetina, uno de los antidepresivos más utilizados. En los parámetros medidos, las lentes mostraron mejoras equivalentes a las del fármaco.
Una promesa que aún debe probarse en humanos
El equipo también utilizó inteligencia artificial para analizar todos los datos de forma conjunta. El algoritmo clasificó a los ratones tratados con las lentes junto al grupo sano y los separó claramente del grupo deprimido, lo que reforzó la consistencia de los resultados.
Aun así, los investigadores insisten en que el camino clínico recién empieza. El hecho de que funcione en ratones no garantiza que pueda aplicarse directamente en personas. Antes deberán comprobar la seguridad a largo plazo, ajustar la intensidad de la estimulación y desarrollar versiones inalámbricas más adecuadas para futuros ensayos.
La depresión afecta a más de 280 millones de personas en el mundo y los tratamientos actuales no siempre logran una respuesta completa. Por eso, estas lentes no representan todavía una solución disponible, pero sí una posibilidad científica inesperada: tratar ciertos circuitos del cerebro desde la superficie del ojo.
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