El frío extremo suele asociarse con parálisis, supervivencia al límite y organismos obligados a detener casi toda actividad para conservar energía. Sin embargo, algunas especies diminutas parecen desafiar esa lógica. En montañas heladas de Norteamérica y en los Campos de Hielo Norte de Chile, ciertas moscas son capaces de seguir moviéndose incluso bajo cero, un comportamiento que ahora será estudiado por un equipo científico internacional.
Insectos capaces de moverse donde otros organismos se detienen
La investigación busca entender qué ocurre dentro del sistema nervioso de estos insectos cuando la temperatura cae por debajo del punto de congelación. Mientras muchos animales pierden movilidad o directamente no sobreviven a ese nivel de frío, estas especies mantienen funciones básicas activas y pueden desplazarse en ambientes que, para otros organismos, serían imposibles.
El proyecto reunirá a especialistas de Chile, Estados Unidos, Canadá y China, con participación de la Universidad Austral de Chile desde Valdivia. El foco estará puesto en distintas especies de moscas adaptadas a territorios extremos, tanto en zonas frías de Norteamérica como en los Campos de Hielo Norte, uno de los paisajes más aislados y hostiles de Sudamérica.
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Aunque puedan parecer organismos simples, los insectos han sido durante décadas modelos fundamentales para la ciencia. Su estudio permitió avanzar en el conocimiento de las sinapsis neuronales, los mecanismos de detoxificación y ciertos procesos fisiológicos vinculados incluso con enfermedades humanas. Por eso, entender cómo funciona su sistema nervioso en frío extremo podría aportar información mucho más amplia que la simple resistencia al hielo.
Del laboratorio al posible impacto médico
Uno de los puntos más llamativos del proyecto es su posible proyección biomédica. Según explicó Sebastián Brauchi, investigador de la Facultad de Medicina de la UACh, comprender cómo algunos insectos conservan actividad nerviosa bajo cero podría ayudar a identificar soluciones moleculares útiles en contextos donde sea necesario mantener o proteger funciones neuronales.
La pregunta central es qué mecanismos celulares permiten que las neuronas sigan funcionando cuando las bajas temperaturas deberían ralentizar o bloquear su actividad. Si la ciencia logra identificar esas respuestas biológicas, podría abrir una línea de investigación con futuras aplicaciones en medicina, conservación de tejidos o neurobiología extrema.
El interés no está únicamente en observar que estos insectos sobreviven, sino en descubrir cómo lo hacen. Allí aparece la clave del estudio: analizar qué adaptaciones permiten que sus células nerviosas sigan comunicándose cuando el entorno parece imponer un límite físico casi absoluto.
Ciencia de frontera desde el sur de Chile
El proyecto también tiene relevancia por el financiamiento obtenido. La investigación fue apoyada por el Programa de Ciencias de la Frontera Humana, conocido como HFSP, una iniciativa internacional orientada a preguntas científicas complejas que requieren cooperación entre laboratorios de distintos países.
Brauchi destacó que desde el año 2000 no existían registros de un fondo HFSP adjudicado a científicos chilenos que desarrollaran su investigación desde el país. Además, recordó que el último antecedente de este tipo en Chile se remonta a 1999, con un proyecto obtenido por el Premio Nacional de Ciencias Ramón Latorre, también vinculado a Valdivia.
Desde esa ciudad del sur chileno, la investigación conectará neurociencia, evolución y adaptación climática. Lo que empieza con pequeñas moscas capaces de moverse sobre hielo podría terminar ofreciendo nuevas pistas sobre una pregunta mucho mayor: cómo logra la vida seguir funcionando cuando el ambiente parece haber apagado todas sus posibilidades.
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