Las botellas de agua, los envases y muchas fibras sintéticas forman parte de la vida cotidiana, pero también de uno de los mayores problemas ambientales del planeta. Aunque el PET puede reciclarse, no siempre vuelve a convertirse en un material de la misma calidad. Ahora, un estudio científico ayuda a explicar por qué esa economía circular perfecta sigue siendo tan difícil de alcanzar.

El plástico no siempre es igual de fácil de degradar

Durante años, la ciencia investigó enzimas capaces de romper el PET y devolverlo a sus componentes originales. Estas enzimas, conocidas como PETasas, abrieron una vía prometedora para el reciclaje biotecnológico, porque podrían permitir transformar residuos plásticos en materia prima reutilizable sin depender tanto de procesos industriales contaminantes.

El problema es que la mayoría de estas enzimas funciona mejor sobre PET amorfo, una forma más desordenada y accesible del material. Sin embargo, muchos productos comerciales, como botellas y textiles de poliéster, contienen PET cristalino.

En este tipo de plástico, las moléculas están organizadas de forma muy compacta y ordenada. Esa estructura es justamente la que le da resistencia, durabilidad y estabilidad al producto. Pero también es la que dificulta que las enzimas puedan entrar, separar las cadenas y cortar los enlaces químicos.

La barrera molecular que impide reciclar por completo las botellas de plástico
Magnific

El “nudo” que las enzimas no pueden desatar

Investigadores del Instituto de Ciencias del Mar y del Instituto de Química Avanzada de Cataluña combinaron datos experimentales con simulaciones computacionales para observar qué ocurre a escala molecular cuando una enzima intenta degradar PET cristalino.

Los resultados mostraron que las enzimas pueden colocarse en la posición correcta para realizar el corte químico. Sin embargo, el costo energético necesario para actuar sobre el material es demasiado alto. En otras palabras, la enzima sabe dónde atacar, pero no tiene fuerza suficiente para separar las cadenas tan apretadas del plástico.

El investigador Francesco Colizzi comparó el proceso con intentar desatar un nudo demasiado ajustado: aunque se identifique el punto del problema, no siempre es posible empezar a moverlo. Esa barrera energética explica por qué incluso las enzimas más avanzadas tienen dificultades para degradar completamente el PET usado en productos reales.

Hacia una nueva generación de reciclaje

El hallazgo no cierra la puerta al reciclaje enzimático, sino que ofrece una hoja de ruta más precisa. Si el problema está en la rigidez y el empaquetamiento molecular del PET cristalino, el siguiente paso será diseñar enzimas capaces de superar esa barrera.

Los científicos creen que la ingeniería de proteínas podría crear PETasas más potentes, adaptadas a distintos tipos de residuos plásticos. Esto permitiría reducir la necesidad de tratamientos térmicos o químicos costosos y avanzar hacia procesos más limpios.

La meta es ambiciosa: que una botella usada pueda transformarse nuevamente en una botella de calidad equivalente, en lugar de degradarse hacia productos de menor valor. Para lograrlo, los investigadores ya trabajan con socios internacionales en el diseño de nuevas variantes enzimáticas.

El estudio marca un cambio importante en la forma de enfrentar el problema. No basta con buscar enzimas que funcionen mejor; también hay que entender por qué fallan. Esa diferencia puede ser clave para diseñar soluciones reales frente a un plástico que, por ahora, sigue siendo mucho más resistente de lo que parece.

🔬 ¿Te fascina la ciencia? Suscribite a nuestro canal de YouTube para contenido científico que te va a volar la cabeza.

▶ Suscribirme
0 0 votes
Article Rating
Subscribe
Notify of
guest

0 Comments

Trending