La Copa Mundial de la FIFA 2026 llegará con una particularidad histórica: será la primera edición con 48 selecciones y se jugará en tres países. Pero además del desafío deportivo y logístico, el torneo enfrentará una amenaza cada vez más difícil de ignorar. El calor extremo, impulsado por el cambio climático, podría afectar tanto a los jugadores como a los espectadores durante varias jornadas.

Cuándo el calor se vuelve peligroso para jugar

No todas las sedes del Mundial estarán expuestas al mismo nivel de riesgo. Algunas ciudades de Canadá o de la costa del Pacífico estadounidense podrían tener temperaturas más moderadas. Sin embargo, otras sedes del interior de Estados Unidos, México o zonas húmedas del sur podrían superar fácilmente los 30 °C, especialmente si los partidos se disputan durante el día.

El problema no depende solo de la temperatura del aire. Los especialistas utilizan un índice llamado WBGT, que combina calor, humedad, radiación solar y circulación del aire. Este indicador permite calcular cuánto esfuerzo necesita hacer el cuerpo para mantenerse fresco mediante la transpiración.

Según FIFPRO, el sindicato mundial de futbolistas, cuando el WBGT alcanza los 26 °C ya existe riesgo de estrés térmico y deberían aplicarse pausas de enfriamiento. Si llega a 28 °C, las condiciones pueden considerarse inseguras y el partido debería posponerse.

El calor extremo amenaza al Mundial 2026 y podría cambiar la forma de jugar los partidos
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Las sedes más expuestas

El Mundial de 1994, también disputado en Estados Unidos, ya había generado preocupación por el calor. Pero tres décadas después el escenario climático es distinto. Las olas de calor son más frecuentes, más intensas y más prolongadas debido al calentamiento global provocado por la actividad humana.

Según proyecciones citadas por especialistas, el número de partidos con riesgo de alcanzar un WBGT de 26 °C aumentó respecto de 1994. También creció la probabilidad de llegar al umbral de 28 °C, donde el juego puede volverse peligroso.

Entre los estadios más expuestos aparecen el MetLife Stadium de Nueva York, el Lincoln Financial Field de Filadelfia, el Arrowhead Stadium de Kansas City y el Hard Rock Stadium de Miami. En estas sedes, la combinación de calor, humedad y horarios diurnos podría obligar a más interrupciones.

Jugadores, hinchas y un calendario bajo presión

Las pausas para refrescarse serán una herramienta importante, pero tal vez no sean suficientes. Los futbolistas deberán adaptarse a cambios bruscos entre sedes, climas y niveles de humedad muy distintos. Ese esfuerzo puede afectar el rendimiento, la recuperación y el riesgo de lesiones.

Los estadios cerrados o climatizados pueden reducir parte del problema durante los partidos, pero no eliminan el riesgo para los aficionados. Las filas de ingreso, los traslados, las fan zones, las celebraciones al aire libre y las esperas bajo el sol también pueden convertirse en situaciones peligrosas durante una ola de calor.

El Mundial 2026 mostrará algo que va más allá del fútbol. Los grandes eventos deportivos del verano boreal tendrán que adaptarse a una realidad climática distinta. Cambiar horarios, reforzar protocolos médicos, ampliar zonas de sombra e hidratación y revisar sedes ya no será una excepción, sino una necesidad.

El cambio climático está modificando incluso aquello que parecía intocable: cuándo, dónde y bajo qué condiciones se puede jugar al fútbol de elite. El Mundial no se detendrá por el calor, pero cada vez será más difícil ignorar que el clima también juega.

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