Cuando se habla de sumideros naturales de carbono, los bosques y los océanos suelen ocupar el centro del debate. Sin embargo, un nuevo estudio pone el foco en un actor menos visible pero sorprendentemente eficaz: las algas marinas. Investigaciones recientes revelan que los extensos bosques de macroalgas de Groenlandia no solo capturan carbono, sino que lo trasladan a las profundidades oceánicas, donde puede permanecer almacenado durante cientos de años.
Las macroalgas como sumideros de carbono
Las algas marinas, también conocidas como macroalgas, forman algunos de los ecosistemas costeros más productivos del planeta. A través de la fotosíntesis, absorben grandes cantidades de dióxido de carbono y lo convierten en biomasa. A escala global, se estima que entre 4 y 44 millones de toneladas de carbono procedente de macroalgas alcanzan cada año profundidades superiores a los 200 metros, donde pueden quedar secuestradas durante al menos un siglo.
Hasta ahora, cuantificar con precisión este proceso había resultado complicado. La diversidad de especies, las dinámicas oceánicas y la falta de datos sobre el destino final de las algas una vez se desprenden de la costa dificultaban medir su verdadero impacto climático.

Groenlandia como laboratorio natural
Para resolver estas incógnitas, un equipo internacional de científicos decidió centrar su investigación en el suroeste de Groenlandia. La región presenta costas rocosas cubiertas por densos bosques de algas y una especie dominante que flota cuando se desprende, lo que facilita su transporte mar adentro.
Los investigadores analizaron datos de 305 dispositivos flotantes que monitorizan corrientes oceánicas, junto con modelos de simulación numérica. Los resultados mostraron que las macroalgas pueden viajar desde zonas costeras hasta aguas profundas en un plazo de entre 12 y 64 días.
Imágenes satelitales y transporte oceánico
El estudio se apoyó además en más de 1.300 imágenes satelitales del programa Copernicus de la Unión Europea. Estas imágenes confirmaron la presencia de cerca de 8.000 parches de macroalgas flotantes distribuidos por la plataforma marina de Groenlandia y el mar de Labrador, evidenciando que el transporte de algas hacia mar abierto es un fenómeno extendido y persistente.
Los modelos oceánicos revelaron también un mecanismo clave: durante el invierno, la convección oceánica profunda provoca una intensa mezcla vertical del agua. Este proceso puede arrastrar las macroalgas flotantes a grandes profundidades.

Un viaje sin retorno hacia el fondo marino
A medida que las algas descienden, la elevada presión colapsa sus estructuras de flotabilidad, haciendo que se hundan definitivamente. De este modo, el carbono almacenado en su biomasa acaba depositado en los fondos oceánicos, donde puede permanecer aislado de la atmósfera durante siglos o incluso milenios.
Los científicos señalan que este proceso lleva ocurriendo miles de años, lo que demuestra que las macroalgas de Groenlandia han contribuido de forma constante al enterramiento de carbono en el Ártico.
Implicaciones para el clima
El hallazgo refuerza la idea de que proteger y restaurar los bosques de algas marinas no solo beneficia a los ecosistemas costeros, sino que tiene un impacto climático global. Estas “cintas transportadoras” naturales conectan la costa con las profundidades del océano, convirtiendo a las macroalgas en aliadas silenciosas en la regulación del clima del planeta.
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