La evolución de las ballenas gigantes podría estar ligada a un proceso inesperado ocurrido lejos del océano. Un equipo internacional de científicos encontró una posible conexión entre las erupciones volcánicas de los Andes, los cambios climáticos del Mioceno tardío y la abundancia de alimento que permitió a ciertos cetáceos alcanzar dimensiones enormes.
Ceniza volcánica convertida en alimento marino
Durante el Mioceno tardío, entre 11,6 y 5,3 millones de años atrás, el Altiplano andino experimentó una actividad volcánica intensa. Esta región, ubicada entre Perú, Bolivia y el norte de Argentina, liberó grandes cantidades de ceniza que pudieron viajar miles de kilómetros hasta llegar al Océano Austral.
Según el estudio, esa ceniza transportaba nutrientes esenciales, especialmente sílice. Este elemento resulta clave para el desarrollo de las diatomeas, un tipo de microalga que forma la base de muchas cadenas alimentarias marinas.
Cuando estas microalgas proliferan, aumenta la disponibilidad de alimento para organismos pequeños, luego para peces y finalmente para grandes depredadores y mamíferos marinos. En ese escenario, las ballenas habrían encontrado las condiciones necesarias para crecer más y sostener cuerpos de gran tamaño.
Un océano más productivo y un clima en transformación
Los investigadores utilizaron modelos climáticos avanzados para reconstruir cómo la ceniza volcánica pudo desplazarse desde Sudamérica hasta el Océano Austral. Las simulaciones mostraron que una fuente localizada en los Andes podía tener efectos a escala planetaria, modificando la productividad marina en regiones muy alejadas.
El enriquecimiento del océano habría favorecido la expansión del fitoplancton y aumentado la biomasa disponible en distintos niveles de la cadena trófica. Al mismo tiempo, parte del carbono capturado por estos organismos pudo quedar almacenado en las profundidades del mar, contribuyendo al enfriamiento global registrado durante ese periodo.
Este vínculo entre volcanes, fertilización oceánica y clima permite entender la Tierra como un sistema conectado, donde un proceso geológico continental puede influir en la vida marina a miles de kilómetros.
El gigantismo de las ballenas bajo una nueva mirada
El hallazgo se relaciona con fósiles de ballenas encontrados en Cerro Ballena, en Chile, un yacimiento que despertó preguntas sobre el origen del gran tamaño de estos mamíferos. La hipótesis plantea que la abundancia de alimento generada por la fertilización volcánica pudo abrir una ventana evolutiva para que las ballenas alcanzaran tallas antes imposibles.
El equipo ahora busca reconstruir patrones migratorios de ballenas del Mioceno tardío para comprobar si sus desplazamientos coinciden con zonas de alta productividad marina.
La investigación no cierra el debate, pero ofrece una explicación poderosa: las ballenas gigantes no habrían evolucionado solo por cambios internos o adaptación marina, sino también gracias a una cadena de eventos que comenzó con volcanes andinos y terminó transformando los océanos.
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