La Amazonía actual es clave para el clima de Sudamérica, pero su historia profunda muestra que este sistema no fue estático. Un nuevo estudio publicado en Communications Earth & Environment analizó casi dos millones de años de cambios ambientales y sugiere que la Amazonía occidental y los Andes tropicales se volvieron progresivamente más húmedos a lo largo del Pleistoceno.
Un archivo climático escondido bajo el Atlántico
Para reconstruir ese pasado, los investigadores estudiaron un núcleo de sedimento extraído del fondo del océano Atlántico, en una zona influenciada por el material que transporta el río Amazonas. Estos sedimentos funcionan como un archivo natural: capa tras capa, conservan partículas minerales y restos marinos que permiten leer condiciones ambientales de épocas remotas.
El registro abarca 1,93 millones de años, un periodo marcado por alternancias entre fases glaciales e interglaciales. Según el estudio, las señales químicas presentes en los sedimentos indican un aumento gradual del material continental que llegó al océano.
Ese incremento puede estar relacionado con más escorrentía, mayor transporte de sedimentos por los ríos y condiciones más húmedas en la Amazonía occidental y en los Andes tropicales. Sin embargo, los autores advierten que la señal no debe interpretarse de forma automática: no todo aumento de sedimentos significa necesariamente más lluvia.

Lluvia, erosión y glaciares andinos
El estudio se basó principalmente en dos indicadores geoquímicos: la relación titanio/calcio y la relación hierro/potasio. Valores altos de titanio frente al calcio suelen señalar una mayor entrada de material terrestre en el ambiente marino. En cambio, valores elevados de hierro frente al potasio pueden indicar una meteorización química más intensa, un proceso asociado a condiciones húmedas.
Pero el sistema es más complejo. Durante los periodos fríos, los glaciares andinos pudieron crecer y aumentar la erosión, enviando más sedimentos hacia la cuenca amazónica y luego al océano. Por eso, los datos reflejan una combinación de factores: lluvias, escorrentía, erosión, temperatura y dinámica glacial.
Esta lectura resulta importante porque evita una conclusión simplificada. La Amazonía no solo respondió a cambios locales, sino también a transformaciones más amplias del clima planetario.

El papel del Atlántico Norte
Uno de los puntos más llamativos del estudio es la conexión con el Atlántico Norte. Los investigadores observaron que la tendencia hacia una mayor humedad en la Amazonía occidental coincide, a escala geológica, con un enfriamiento progresivo de las aguas del Atlántico Norte.
Ese enfriamiento pudo desplazar hacia el sur la Zona de Convergencia Intertropical, una franja de nubes y lluvias que influye en la distribución de la humedad en los trópicos. Cuando esta zona se mueve, cambian también los patrones de precipitación en regiones como la Amazonía.
Durante fases frías del hemisferio norte, las lluvias pudieron favorecer zonas tropicales al sur del ecuador. El estudio también indica que los periodos glaciales no fueron simplemente más secos o más húmedos, sino más inestables, con episodios de humedad intensa y fluctuaciones marcadas.
La investigación no permite predecir de forma directa el futuro de la Amazonía, pero sí ofrece una advertencia: la mayor cuenca fluvial del planeta siempre estuvo conectada con mecanismos climáticos globales. En un contexto de calentamiento acelerado, conocer esa historia ayuda a comprender mejor sus límites, riesgos e incertidumbres.
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