Un pez que comienza su vida como hembra

El pez navaja perlado, conocido científicamente como Xyrichtys novacula y llamado raor en las Islas Baleares, habita fondos arenosos del Mediterráneo y el Atlántico. Durante el día busca pequeños moluscos y crustáceos, mientras que por la noche se entierra en la arena para descansar y protegerse.

Su ciclo vital presenta una característica poco común: todos los ejemplares comienzan su vida reproductiva como hembras y algunos se transforman posteriormente en machos. Se trata de una especie hermafrodita protógina, organizada en grupos donde un macho dominante controla un territorio compartido con varias hembras.

La presencia del macho mantiene la estabilidad social y evita que las hembras cambien de sexo demasiado pronto. Cuando este desaparece, una de las hembras puede iniciar la transición para ocupar su lugar. El problema es que la pesca está eliminando a esos machos con una velocidad que altera el funcionamiento natural del grupo.

La pesca no solo reduce su población: también altera el ciclo vital de este pez mediterráneo
The New York Public Library – Unsplash.

La temporada puede eliminar al 60 % de los adultos

Los machos suelen ser los peces más grandes, activos y territoriales, características que también aumentan su posibilidad de acercarse al cebo y quedar atrapados. Cuando comienza la temporada de pesca recreativa en Baleares, la presión se concentra en pocos días.

Un estudio realizado mediante cámaras submarinas estimó que alrededor del 57 % de los adultos de una zona explotada desapareció durante las tres primeras semanas de pesca. Los investigadores describieron una caída cercana al 60 % en un periodo extremadamente breve, una de las tasas más elevadas registradas en una pesquería recreativa marina.

Al desaparecer el macho dominante, las hembras más jóvenes pueden cambiar de sexo sin haber alcanzado el tamaño óptimo. La transformación no es creada por la pesca, ya que forma parte natural de la biología de la especie, pero la extracción de los adultos puede adelantarla.

Esto tiene un costo reproductivo. Una hembra que permanece más tiempo en esa etapa continúa creciendo y puede producir una cantidad mayor de huevos. En las áreas protegidas, los peces analizados tenían en promedio alrededor de cuatro años, mientras que en las zonas explotadas la edad media descendía a aproximadamente dos años. También eran unos 2,5 centímetros más pequeños.

La pesca también deja una huella molecular

El efecto no se limita al tamaño y la edad. Una investigación publicada en Philosophical Transactions of the Royal Society B comparó 120 peces procedentes de tres reservas marinas sin pesca y tres áreas cercanas sometidas a una explotación intensa.

Los científicos no encontraron una separación genética clara entre las poblaciones, probablemente porque las larvas pueden desplazarse con las corrientes y conectar zonas alejadas. Sin embargo, la diversidad genética era menor en las áreas pescadas y aparecieron diferencias en 291 puntos de metilación del ADN.

La metilación no modifica la secuencia genética, sino que añade pequeñas marcas químicas capaces de influir en la actividad de determinados genes. Algunas diferencias estaban relacionadas con regiones vinculadas al uso de energía, la actividad de las células nerviosas y la regulación del sistema inmunitario.

Los autores advierten que todavía no puede afirmarse que la pesca sea la causa directa de todas esas marcas. También podrían intervenir la disponibilidad de alimento, la densidad de peces, los depredadores o el estrés provocado por la ruptura de los grupos sociales. Aun así, las diferencias se mantuvieron incluso después de considerar la edad de los ejemplares.

Las reservas permiten recuperar su ciclo natural

En las reservas donde la captura está prohibida, las hembras pueden crecer durante más tiempo y los machos alcanzan edades y tamaños mayores. Allí también pueden competir, defender sus territorios y completar el comportamiento social característico de la especie.

Además, las reservas no funcionan como espacios completamente aislados. Después de la fecundación, los huevos y las larvas permanecen en el agua y pueden viajar hacia zonas explotadas, contribuyendo a recuperar poblaciones afectadas por la pesca.

El hallazgo muestra que la extracción intensiva puede cambiar mucho más que la cantidad de peces disponibles. También puede acelerar su ciclo vital, alterar la estructura de sus grupos y dejar señales moleculares en los individuos que sobreviven. Para el pez navaja perlado, proteger una parte del mar significa conservar no solo su población, sino también el tiempo necesario para vivir y reproducirse como lo hacía antes de la presión humana.

Fuente: Infobae.

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