La nueva carrera espacial ya no enfrenta a Estados Unidos y la Unión Soviética, como ocurrió durante el siglo XX. Ahora, China ocupa un lugar central en la competencia por regresar a la Luna, instalar presencia humana y avanzar hacia una exploración sostenida del satélite. Su estrategia combina vuelos tripulados, misiones robóticas, tecnología reutilizable y una estación espacial propia que funciona como laboratorio de preparación.

Shenzhou 23 y una misión clave en Tiangong

El 24 de mayo de 2026, China lanzó con éxito la misión tripulada Shenzhou 23 rumbo a la estación espacial Tiangong, utilizando un cohete Larga Marcha 2F. La tripulación está integrada por el comandante Zhu Yangzhou, el piloto Zhang Zhiyuan y el especialista de carga Lai Ka-Ying, quien se convirtió en la primera taikonauta de Hong Kong en viajar al espacio.

Uno de los puntos más importantes de esta misión será la permanencia prolongada de uno de sus tripulantes en órbita. Gracias a la rotación prevista con Shenzhou 24, que llegará a finales de año, China busca completar una estancia de un año en el espacio. Este tipo de experiencia resulta fundamental para evaluar la resistencia física, psicológica y operativa de los astronautas ante misiones largas.

Tiangong se consolida así como una plataforma de entrenamiento, experimentación y validación tecnológica. Allí se prueban sistemas que podrían ser esenciales para una futura presencia humana en la Luna.

Un solo programa para llegar al polo sur lunar

China decidió fusionar sus programas de vuelos tripulados y misiones robóticas lunares en una estrategia unificada. El objetivo es claro: lograr un alunizaje tripulado antes de 2030. Según la Agencia Espacial Tripulada de China, el país no escatimará esfuerzos para alcanzar esa meta.

El plan contempla una misión con tres astronautas, de los cuales dos descenderían a la superficie lunar para realizar exploraciones e investigaciones científicas. El esquema recuerda a las misiones Apolo, aunque China busca adaptarlo a una infraestructura más moderna y reutilizable.

Para lograrlo, desarrolla nuevos vehículos, como el cohete Larga Marcha-10, la nave tripulada Mengzhou y el módulo de aterrizaje Lanyue. La reutilización aparece como una pieza central, en línea con la tendencia marcada por empresas como SpaceX.

Por qué todos miran al sur de la Luna

La región más codiciada es el polo sur lunar. Allí podrían existir depósitos de hielo en cráteres permanentemente en sombra. Ese recurso es estratégico porque puede aportar agua, oxígeno y eventualmente combustible para misiones futuras.

China también prepara la misión Chang’e-7, prevista para agosto de 2026, que incluirá un orbitador, un módulo de aterrizaje, un rover y un vehículo saltador para estudiar recursos y condiciones del entorno.

La carrera hacia la Luna ya no busca solo plantar una bandera. Esta vez, las potencias quieren quedarse, construir infraestructura y convertir el satélite en una base para la exploración más profunda del espacio.

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