El eclipse solar del 12 de agosto de 2026 será uno de los fenómenos astronómicos más esperados en España. Durante unos minutos, la Luna cubrirá por completo al Sol en la franja de totalidad y el día se convertirá en una especie de noche repentina.
Pero ese breve apagón no será importante solo para quienes quieran mirar el cielo. También será una oportunidad científica excepcional. La caída brusca de luz y temperatura permite estudiar cómo responde la atmósfera, cómo cambia la contaminación lumínica y qué hacen los animales cuando el ciclo día-noche se altera de golpe.
Medir la oscuridad del eclipse
Uno de los proyectos en marcha es EclipseDSM, una iniciativa de ciencia ciudadana que propone usar fotómetros para medir cómo varía la luz ambiental durante el eclipse.
El objetivo es comparar la noche real con la “noche” generada por la totalidad, en un momento en el que todavía no deberían estar encendidas muchas fuentes de iluminación artificial. Eso permitirá obtener datos sobre contaminación lumínica y sobre cómo cambia el brillo del cielo en distintas zonas.
Los participantes pueden usar fotómetros FreeDSM, fabricarlos, asistir a talleres o solicitar unidades ya montadas, aunque la disponibilidad es limitada.
Escuchar a la naturaleza
Otro proyecto es ECOECLIPSE, centrado en ecoacústica. Su meta es grabar cómo cambia la actividad sonora de aves y murciélagos antes, durante y después del eclipse.
La idea es colocar grabadoras automáticas dos días antes del fenómeno y retirarlas dos días después. Así, los investigadores podrán comparar los sonidos habituales con los que aparezcan durante la caída repentina de luz.
Este tipo de estudios no es nuevo. Ya en 1932, el entomólogo William Wheeler reunió cientos de observaciones ciudadanas sobre animales durante un eclipse. Casi un siglo después, la tecnología permite repetir la experiencia con datos mucho más precisos.
Cuando la ciudadanía también hace ciencia
La gracia de estos proyectos es que sería imposible cubrir tantos puntos del territorio solo con equipos científicos profesionales. La participación ciudadana permite multiplicar los datos y observar el eclipse desde muchas ubicaciones al mismo tiempo.
En apenas dos minutos, el cielo puede ofrecer miles de mediciones útiles. Por eso, el eclipse de 2026 no será solo un evento para mirar hacia arriba. También será una oportunidad para escuchar, medir y entender cómo reacciona el planeta cuando el Sol desaparece por un instante.
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