A medida que las olas de calor se vuelven más frecuentes e intensas, el aire acondicionado deja de ser un lujo y pasa a ser una necesidad de salud pública. En muchas ciudades, tener o no tener refrigeración puede marcar la diferencia entre descansar, trabajar y mantenerse a salvo, o sufrir un riesgo real para la salud.

Pero esa solución también encierra una paradoja: el mismo aparato que enfría una habitación puede contribuir a calentar la calle.

La paradoja del aire acondicionado: enfría las casas, pero puede calentar todavía más las ciudades
Singapore Stock Photos – Unsplash

El privilegio de poder enfriarse

La llamada “brecha de refrigeración” describe una desigualdad cada vez más visible. Las familias con mayores ingresos pueden instalar equipos, pagar facturas eléctricas más altas y vivir en viviendas mejor aisladas.

En cambio, los hogares de menores recursos suelen estar en edificios precarios, con mala ventilación, techos calientes y poco acceso a sombra o espacios verdes. Muchas veces también se ubican en barrios densos, con más asfalto y menos árboles, donde el efecto de isla de calor es más fuerte.

La consecuencia no es solo incomodidad. El calor extremo aumenta el riesgo de golpes de calor, deshidratación, problemas cardiovasculares, enfermedades respiratorias y mortalidad prematura, especialmente en adultos mayores, niños y personas con enfermedades previas.

Enfriar adentro, calentar afuera

El aire acondicionado funciona sacando calor del interior y expulsándolo al exterior. En una ciudad con miles de equipos funcionando al mismo tiempo, ese calor residual se suma al que ya acumulan el cemento, el asfalto y los edificios.

Así se refuerza el círculo vicioso: cuanto más calor hace, más aire acondicionado se usa; cuanto más se usa, más energía se consume y más calor se libera en la ciudad.

A escala global, el problema se amplía. Si la electricidad proviene de combustibles fósiles o si los equipos usan refrigerantes de alto impacto climático, la refrigeración también puede aumentar las emisiones que agravan el calentamiento global.

La salida no es vivir sin frío

El desafío no es eliminar el aire acondicionado, porque en muchos contextos salva vidas. La clave es usarlo mejor y depender menos de él.

Para eso, los expertos proponen más refrigeración pasiva: viviendas bien aisladas, techos reflectantes, ventilación cruzada, sombra, árboles, patios, materiales frescos y planificación urbana adaptada al calor.

También hacen falta políticas públicas que garanticen acceso a refrigeración segura para quienes más lo necesitan. Porque en un mundo más caliente, enfriarse no puede ser un privilegio. Debe ser parte del derecho a vivir en ciudades más justas, saludables y preparadas para el clima que viene.

Fuente: Meteored.

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