Si mañana se detuvieran los transportes, los supermercados quedarían vacíos en pocos días. En un escenario extremo, como una guerra, una pandemia grave o una tormenta solar, la supervivencia de una ciudad dependería de algo muy básico: qué puede producir cerca de sí misma.

Un estudio de la Universidad de Otago, en Nueva Zelanda, analizó esa pregunta usando como modelo a Palmerston North, una ciudad de unos 90.000 habitantes. El objetivo era calcular cuánta tierra haría falta y qué convendría sembrar para cubrir calorías y proteínas mínimas.

Los vegetales que podrían sostener una ciudad si el mundo colapsa, según un estudio
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Arvejas en la ciudad, papas en la periferia

En un escenario de colapso del comercio global pero con clima normal, la estrategia más eficiente combina dos escalas.

Dentro de la ciudad, los mejores cultivos serían las arvejas. Tienen buen aporte de proteína, pueden secarse para almacenarse y además fijan nitrógeno en el suelo, lo que mejora la fertilidad.

Pero la agricultura urbana no alcanza por sí sola. Según el modelo, incluso usando patios, jardines y espacios verdes, solo podría alimentar a una parte de la población. Para completar la dieta, la clave estaría en la periferia: cultivar papas en terrenos cercanos.

La papa aparece como uno de los cultivos más eficientes en rendimiento calórico por superficie. En otras palabras, produce mucha comida en poco espacio.

Si llega el frío extremo, cambia todo

El estudio también planteó un escenario más duro: un invierno nuclear, con menos luz solar y temperaturas más bajas. Allí, las papas y las arvejas dejarían de ser la mejor opción.

En ese caso, dentro de la ciudad convendría priorizar cultivos resistentes al frío, como espinaca y remolacha. En los alrededores, la base alimentaria tendría que apoyarse casi por completo en trigo, acompañado por una pequeña proporción de zanahorias para aportar vitamina A.

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La ganadería no entra en la cuenta

La conclusión más incómoda del modelo es que, en una emergencia extrema, la ganadería tradicional sería demasiado ineficiente. Los animales consumen mucho terreno, agua y energía antes de convertir esos recursos en carne o leche.

Por eso, el estudio propone una dieta de supervivencia basada casi por completo en vegetales.

La idea no es que una ciudad pueda improvisar esto de un día para otro. Harían falta semillas, planificación, agua, suelos protegidos y hasta biocombustible para maquinaria. Pero el mensaje es claro: la resiliencia alimentaria empieza mucho antes del desastre, cuidando la tierra fértil que rodea a las ciudades.

Fuente: Meteored.

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