Los árboles pueden distorsionar una canción
El canto permite a las aves atraer parejas, defender territorios, advertir sobre peligros y mantener el contacto con otros individuos. Para funcionar, el sonido debe atravesar el ambiente y llegar al receptor con suficiente claridad.
En un bosque, las hojas, los troncos y los arbustos reflejan y absorben las ondas sonoras. Los sonidos agudos y con cambios rápidos pueden distorsionarse con mayor facilidad, mientras que determinadas vocalizaciones graves y lentas consiguen recorrer mejor los espacios llenos de obstáculos.
Esta idea dio origen durante la década de 1970 a la hipótesis de la adaptación acústica. Según esta propuesta, la selección natural debería favorecer cantos graves, largos y poco modulados en ambientes cerrados, mientras que los hábitats abiertos permitirían frecuencias más altas y secuencias rápidas. Un metaanálisis publicado en 2007 encontró una tendencia hacia cantos de menor frecuencia en ambientes densos, aunque el efecto detectado fue pequeño.

El experimento con un pequeño gorrión
Un nuevo estudio publicado en Bioacoustics puso a prueba esta hipótesis mediante el canto del chingolo de Bachman, Peucaea aestivalis, un pequeño pájaro que vive en pinares abiertos con abundante vegetación baja del sudeste de Estados Unidos.
Los machos poseen diferentes tipos de canto. Algunos son compartidos por una gran parte de la población, mientras que otros aparecen en pocos individuos. Los científicos compararon nueve cantos comunes con diez poco frecuentes y los reprodujeron mediante altavoces en ocho lugares diferentes.
Después analizaron cómo se alteraban al desplazarse por el ambiente. También estudiaron la influencia de la densidad de árboles, la velocidad del viento y la altura desde la que se emitía cada grabación.
Los cantos comunes presentaban pausas más cortas entre sílabas, frecuencias máximas más altas y un rango de frecuencias más amplio. Sin embargo, solo se propagaron mejor que los raros en dos de las cinco mediciones utilizadas por el equipo.
El hábitat influye, pero no explica todo
El resultado no destruye por completo la hipótesis de adaptación acústica, pero tampoco demuestra que el ambiente sea el principal responsable de que ciertos cantos se vuelvan populares.
Los investigadores encontraron una ligera tendencia a que los cantos comunes conservaran mejor su estructura en zonas con más árboles, aunque el resultado no fue estadísticamente concluyente. Ni el viento ni la altura de emisión produjeron diferencias importantes entre los dos tipos de vocalización.
El estudio ofrece, por tanto, un apoyo parcial: transmitir bien el sonido puede aportar una ventaja, pero los procesos sociales relacionados con el aprendizaje y la imitación probablemente influyen tanto o más en la expansión de una canción dentro de una población.

El tamaño y la evolución también dejan su marca
Los análisis realizados a gran escala refuerzan esta visión. Una investigación que examinó los cantos de más de 5.000 especies de aves paseriformes no encontró un respaldo general para la hipótesis acústica. La historia evolutiva de cada grupo y el tamaño corporal explicaban una proporción mucho mayor de las diferencias observadas.
Las aves grandes suelen producir sonidos más graves porque poseen órganos vocales y estructuras corporales de mayor tamaño. Además, especies emparentadas pueden conservar características similares en sus cantos simplemente porque las heredaron de antepasados comunes, aunque actualmente vivan en ambientes diferentes.
Una revisión posterior sobre vertebrados terrestres tampoco encontró un efecto general y contundente de la vegetación sobre las vocalizaciones. En las aves aparecieron algunas asociaciones débiles, pero buena parte de ellas se reducía al considerar el parentesco evolutivo y las limitaciones físicas de cada especie.
El entorno sí modifica la forma en que viajan los sonidos y puede favorecer determinados cantos. Pero cada canción también depende del cuerpo que la produce, de la historia evolutiva de la especie, de las preferencias de las hembras y de lo que los jóvenes aprenden al escuchar a otros pájaros.
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