Dos sistemas de orientación fallaron casi al mismo tiempo
El rescate espacial más urgente de la NASA acaba de sufrir un contratiempo serio. LINK, la nave robótica desarrollada por Katalyst Space para elevar la órbita del observatorio Neil Gehrels Swift, entró en una rotación sobre varios ejes que provocó interrupciones en las comunicaciones y el reinicio de su computadora principal.
La investigación preliminar encontró que dos de sus tres ruedas de reacción no están operativas debido a problemas relacionados con el sistema eléctrico. También se perdió parte de la funcionalidad de los propulsores de gas frío utilizados para realizar movimientos pequeños y precisos.
Las ruedas de reacción son discos internos que aceleran o frenan para cambiar la orientación de una nave sin gastar combustible. Perder dos de las tres reduce considerablemente la capacidad de apuntar instrumentos, paneles solares y propulsores en la dirección adecuada.
La misión sigue activa, pero el plan debe reescribirse
LINK no está completamente fuera de servicio. Sus paneles solares continúan produciendo energía y los sistemas de robótica, navegación de proximidad, comunicaciones y propulsión eléctrica funcionan, según la actualización publicada por Katalyst el 28 de julio.
El equipo está utilizando los propulsores eléctricos orientables, alimentados con xenón, para disminuir la velocidad de rotación. Los primeros encendidos tuvieron el efecto esperado, aunque la empresa todavía no anunció que la nave haya recuperado una orientación estable.
Después habrá que modificar el software de guiado, navegación y control para que LINK pueda funcionar con su nueva configuración. Los cambios deberán probarse mediante simulaciones antes de decidir si es seguro acercarse a Swift. Intentar capturarlo mientras LINK no controla con precisión sus movimientos podría dañar ambos vehículos.
Swift está perdiendo altura por la actividad solar
Swift fue lanzado en 2004 para estudiar explosiones de rayos gamma, agujeros negros y otros fenómenos energéticos. El observatorio no cuenta con un sistema de propulsión capaz de elevar su propia órbita, por lo que depende de LINK para sobrevivir.
La actividad solar calentó y expandió las capas superiores de la atmósfera terrestre. Como consecuencia, Swift encontró más partículas a su altitud, sufrió mayor resistencia y comenzó a perder altura más rápido de lo previsto. Cuanto más baja, más densa se vuelve la atmósfera y más se acelera el proceso.
En febrero, la NASA suspendió la mayoría de las observaciones científicas para mantener el telescopio en una posición que ofreciera menos resistencia. Su detector principal continúa identificando explosiones de rayos gamma, pero la nave ya no gira para estudiarlas con los otros instrumentos.
El famoso 90 % era una estimación anterior
En septiembre de 2025, Katalyst calculaba una probabilidad del 50 % de reentrada para mediados de 2026 y del 90 % antes de terminar el año. Esas cifras ayudaron a justificar una misión de emergencia valorada en 30 millones de dólares, pero no representan necesariamente la situación orbital exacta de julio de 2026.
Las maniobras realizadas por el equipo de Swift consiguieron ralentizar el descenso y mantenerlo sobre la altitud crítica durante más tiempo. Las previsiones más recientes de la NASA sitúan la posible reentrada durante el otoño boreal de 2026, aunque la fecha depende de la actividad solar y de la densidad atmosférica.
Una operación que nunca había sido intentada así
LINK fue diseñada, construida y probada en nueve meses. Despegó el 3 de julio a bordo de un cohete Pegasus XL y debía acercarse a Swift, inspeccionarlo y sujetarlo con tres brazos robóticos. Después utilizaría sus propulsores para elevarlo hasta aproximadamente 600 kilómetros.
La operación ya era arriesgada porque Swift nunca fue preparado para recibir mantenimiento: no tiene puerto de acoplamiento ni una pieza diseñada para ser agarrada. El fallo de orientación añade ahora una dificultad que no estaba en el plan original.
La misión aún no está perdida, pero tampoco puede considerarse encaminada. Primero, LINK debe dejar de girar. Después tendrá que demostrar que puede maniobrar con suficiente precisión y, solo entonces, la NASA decidirá si permite que la nave dañada se acerque al telescopio que debía salvar.
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