Un recuerdo no puede viajar dentro de un gen

La idea de heredar el trauma de padres o abuelos suele presentarse como si una guerra, una agresión o una pérdida quedaran grabadas en el ADN. La neurociencia no ha demostrado que eso ocurra.

Los recuerdos se sostienen mediante cambios en circuitos neuronales del cerebro de la persona que vivió la experiencia. En el trastorno de estrés postraumático participan redes relacionadas con la detección de amenazas, la regulación emocional y la contextualización de los recuerdos, incluidas la amígdala, la corteza prefrontal y el hipocampo. Los resultados varían considerablemente entre individuos y no existe una única “firma cerebral” que identifique todos los traumas.

Esos circuitos no se encuentran en los óvulos ni en los espermatozoides. No se conoce, por tanto, ningún mecanismo capaz de copiar una escena autobiográfica desde el cerebro de un progenitor hasta el de su hijo.

No heredamos los traumas de nuestros padres, pero sus experiencias pueden cambiar nuestra respuesta al estrés
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Los niños pueden aprender qué cosas deben temer

La vía más sólida para transmitir los efectos de una experiencia traumática es la convivencia. Los bebés observan las expresiones, los movimientos y las reacciones de sus cuidadores para decidir si algo desconocido es seguro o peligroso.

Una revisión sistemática y metaanálisis encontró que observar reacciones de miedo de los padres puede aumentar el temor y la evitación de estímulos nuevos durante los primeros años de vida. Esto no supone recibir el trauma original, sino aprender una forma de responder al entorno.

Un progenitor que permanece hipervigilante después de una experiencia violenta puede transmitir, sin pretenderlo, la sensación de que determinadas situaciones son peligrosas. También influyen los silencios familiares, la sobreprotección, las dificultades emocionales y las condiciones sociales en las que crece el menor.

Nada de esto determina inevitablemente que el hijo desarrolle un trastorno. El temperamento, otros cuidadores, las relaciones seguras y las experiencias posteriores pueden modificar profundamente ese aprendizaje.

El embarazo es una exposición directa

El estrés intenso durante la gestación puede modificar hormonas, procesos inflamatorios y el funcionamiento de la placenta. Una revisión de 71 estudios de neuroimagen encontró asociaciones entre el malestar materno prenatal y diferencias en regiones cerebrales relacionadas con el estrés, aunque los métodos y resultados variaban ampliamente.

En este caso resulta más preciso hablar de programación prenatal. El feto está directamente expuesto al ambiente hormonal, metabólico e inmunitario de la madre, por lo que no se trata de una experiencia transmitida entre generaciones sin contacto biológico.

Además, separar el efecto prenatal de la genética, la pobreza, la alimentación y el ambiente posterior al nacimiento es muy complicado. Un análisis de más de 80.000 madres e hijos encontró asociaciones tanto con el estrés prenatal como con el posnatal, pero el segundo mostró una relación más fuerte con los retrasos del desarrollo estudiados.

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La epigenética todavía no resuelve el misterio

La epigenética incluye mecanismos que regulan la actividad de los genes sin alterar la secuencia del ADN. Uno de ellos es la metilación, que añade pequeñas marcas químicas capaces de modificar cómo se utiliza una región genética.

En animales existen pruebas de que algunas señales ambientales pueden alcanzar los gametos y afectar a los descendientes. En humanos, demostrarlo resulta mucho más difícil porque la crianza, la cultura, las condiciones sociales, el embarazo y la genética se transmiten simultáneamente. Además, la mayoría de las marcas de metilación se eliminan y reorganizan durante la formación de gametos y el desarrollo embrionario.

Un estudio de 2025 analizó células bucales de 131 integrantes de 48 familias sirias y halló 35 posiciones de metilación relacionadas con exposiciones directas o germinales a la violencia. También observó aceleración de la edad epigenética en algunos niños expuestos durante el embarazo.

El resultado es relevante, pero no demuestra que se heredara un trauma psicológico. La muestra era pequeña, las marcas se midieron en células de la boca y todavía no se sabe si produjeron efectos funcionales o fueron simplemente indicadores de exposición. Incluso investigadores ajenos al trabajo pidieron replicar los resultados antes de interpretar esas diferencias como herencia biológica.

Lo que puede pasar de una generación a otra no es una película del sufrimiento vivido por los antepasados. Son vulnerabilidades, aprendizajes y adaptaciones que interactúan con el presente. La biología puede transmitir posibilidades, pero las relaciones seguras, el apoyo social y el tratamiento también pueden cambiar la trayectoria.

Fuente: TheConversation.

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