Después de más de 22 años explorando el universo, el telescopio espacial Swift enfrenta una amenaza que podría poner fin definitivamente a su misión. Su órbita está perdiendo altura y, si no se realiza ninguna intervención, el observatorio podría reingresar en la atmósfera terrestre y destruirse.
La NASA intenta evitarlo mediante una operación que nunca antes se llevó a cabo. Una nave equipada con tres brazos robóticos deberá acercarse al telescopio, capturarlo mientras ambos se desplazan alrededor de la Tierra y empujarlo lentamente hacia una órbita más elevada.
La misión no solo busca salvar uno de los observatorios más importantes de la agencia. También podría demostrar que los satélites antiguos pueden ser reparados o reposicionados en el espacio, incluso cuando nunca fueron diseñados para recibir mantenimiento.
Un robot tendrá que capturar un telescopio en movimiento
La nave encargada de la operación se llama LINK y fue desarrollada por la empresa estadounidense Katalyst Space. Su misión será aproximarse al Swift, inspeccionar su estructura y localizar un punto donde pueda sujetarlo sin dañar sus instrumentos.
Para lograrlo, utilizará tres brazos robóticos capaces de rodear y estabilizar el observatorio. La maniobra será especialmente delicada: ambas naves se desplazan a miles de kilómetros por hora y cualquier error durante el acercamiento podría provocar una colisión.
Antes de realizar la captura, LINK deberá fotografiar el telescopio desde distintos ángulos. Estas imágenes permitirán a los ingenieros estudiar su estructura y determinar cuál es la zona más segura para sujetarlo.
La fase de aproximación, inspección y captura podría extenderse durante varias semanas.
Swift nunca fue construido para recibir ayuda en el espacio
El principal problema es que Swift fue lanzado en 2004, cuando las misiones de reparación robótica todavía no formaban parte de los planes habituales de las agencias espaciales.
Por ese motivo, el telescopio no posee asas, puntos de anclaje ni sistemas de acoplamiento preparados para recibir otra nave. LINK tendrá que agarrarlo directamente desde su estructura exterior, evitando antenas, paneles solares e instrumentos científicos.
Una vez asegurado, el robot comenzará a elevar su órbita de forma gradual. La maniobra podría durar varios meses, ya que el impulso deberá aplicarse lentamente para no comprometer la estabilidad del telescopio.
Al finalizar la operación, LINK liberará el observatorio y los equipos de la NASA comprobarán que todos sus sistemas continúan funcionando correctamente antes de reactivar sus instrumentos.
Una carrera para salvar un observatorio clave
Swift fue diseñado para detectar estallidos de rayos gamma, las explosiones más energéticas conocidas del universo. Estos fenómenos pueden producirse durante el colapso de estrellas masivas o la fusión de objetos extremadamente densos, como las estrellas de neutrones.
El observatorio puede identificar uno de estos eventos y orientar rápidamente sus instrumentos hacia el lugar donde ocurrió, permitiendo estudiar sus primeros momentos.
Sin embargo, Swift no cuenta con motores capaces de corregir su órbita. Aunque se encuentra a cientos de kilómetros de altura, todavía sufre el tenue rozamiento de las capas superiores de la atmósfera. Con el paso de los años, esa resistencia le hace perder velocidad y descender progresivamente.
Sin una misión de rescate, el telescopio terminaría entrando en la atmósfera, donde se desintegraría debido a las elevadas temperaturas.
Una prueba para el futuro de la exploración espacial
Si la operación tiene éxito, será la primera vez que una nave privada capture y reposicione un satélite del Gobierno estadounidense que nunca fue diseñado para ser reparado.
La tecnología podría utilizarse en el futuro para prolongar la vida de otros telescopios, repostar satélites o retirar objetos peligrosos de la órbita terrestre.
También podría servir como referencia para futuros planes relacionados con observatorios históricos como el Hubble, cuya órbita desciende lentamente.
Salvar al Swift sería, por tanto, mucho más que una misión de emergencia. Podría marcar el comienzo de una etapa en la que los satélites ya no tengan que ser abandonados cuando se queden sin combustible o comiencen a perder altura.
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