Después de una inundación, una ola de calor o una tormenta destructiva, suele aparecer la misma discusión. Unos afirman que el desastre fue provocado por el cambio climático. Otros responden que esos fenómenos siempre existieron y que, por tanto, el calentamiento global no tiene ninguna relación.

Las dos posturas simplifican demasiado el problema.

El cambio climático no inventa desde cero una tormenta, una sequía o un huracán. Estos fenómenos forman parte del funcionamiento natural de la atmósfera. Lo que sí puede hacer un planeta más cálido es modificar las condiciones en las que se desarrollan, aumentando su probabilidad, duración o intensidad.

Para medir esa influencia existe una disciplina conocida como atribución de eventos extremos. Su objetivo no es responder simplemente “sí” o “no”, sino calcular cuánto cambió un fenómeno debido a las emisiones humanas.

Una tormenta no deja de ser natural porque el planeta esté más caliente: el verdadero cambio está en las probabilidades
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La ciencia compara el mundo real con otro que nunca existió

El primer paso consiste en definir exactamente qué evento se estudiará. Los investigadores delimitan la región afectada, su duración y la variable más representativa: puede ser la temperatura máxima durante varios días, la lluvia acumulada o la velocidad del viento.

Después analizan observaciones de estaciones meteorológicas, satélites y otros registros para estimar cada cuánto podría producirse un episodio semejante en el clima actual.

La segunda parte es la más llamativa. Los científicos utilizan modelos climáticos para recrear dos mundos:

  • El planeta actual, calentado por las emisiones de gases de efecto invernadero.
  • Un mundo hipotético sin el calentamiento causado por la actividad humana.

Los modelos simulan numerosas veces el fenómeno en ambos escenarios. Después se comparan sus probabilidades e intensidades para aislar la contribución del cambio climático.

La fórmula que muestra cuánto cambió el riesgo

Una de las principales medidas utilizadas es la relación de probabilidades, conocida como probability ratio o PR:

PR = p₁ / p₀

En esta fórmula, p₁ representa la probabilidad del evento en el clima actual y p₀ la probabilidad en un mundo sin calentamiento humano.

Si el resultado es 1, el calentamiento no habría modificado su probabilidad. Si es 2, el evento se volvió dos veces más probable. Un valor de 5 significa que ahora puede ocurrir con una frecuencia cinco veces mayor.

Los investigadores también calculan el cambio de intensidad. Una ola de calor, por ejemplo, podría haberse producido igualmente sin cambio climático, pero alcanzar una temperatura inferior. En ese caso, el estudio puede concluir que el calentamiento la hizo determinados grados más intensa.

Los resultados se presentan acompañados de intervalos de confianza, porque las observaciones, la variabilidad natural y los propios modelos contienen incertidumbres. En ocasiones, los datos disponibles no permiten emitir una conclusión cuantitativa sólida.

Las olas de calor dejan una huella mucho más clara

La capacidad de atribución cambia según el fenómeno. La confianza científica es especialmente alta en los episodios de calor y frío extremos, así como en las precipitaciones intensas de gran escala, porque están directamente relacionadas con el calentamiento de la atmósfera.

Las olas de calor son el ejemplo más evidente: al aumentar la temperatura media, también se desplaza el rango completo de temperaturas posibles, haciendo más frecuentes los valores extremos.

Las lluvias intensas también pueden verse reforzadas porque una atmósfera más cálida puede contener mayor cantidad de vapor de agua. Sin embargo, que ese vapor termine convirtiéndose en lluvia depende además de la circulación atmosférica, el relieve y las condiciones meteorológicas locales.

La atribución es más difícil para tornados, granizadas y tormentas convectivas muy localizadas. Muchos modelos climáticos globales trabajan con cuadrículas de alrededor de 50 a 300 kilómetros, demasiado grandes para representar con precisión procesos que pueden desarrollarse en áreas mucho menores.

Una tormenta no deja de ser natural porque el planeta esté más caliente: el verdadero cambio está en las probabilidades
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La pregunta ya no es si el fenómeno era natural

Una tormenta extrema continúa siendo un fenómeno natural aunque el cambio climático haya aumentado su fuerza. La comparación correcta sería similar a analizar un dado cargado: obtener un seis siempre fue posible, pero una modificación puede hacer que aparezca con mucha más frecuencia.

La atribución también empieza a medir las consecuencias. Los investigadores estudian cuánto del daño económico, la mortalidad, la pérdida de cosechas o las inundaciones adicionales puede vincularse con la intensificación climática del evento.

Esta información permite actualizar infraestructuras, mapas de riesgo, normas de construcción y sistemas de alerta. La fórmula no sentencia que una tormenta dejó de ser natural. Revela algo más útil: cuánto alteramos las probabilidades antes de que comenzara.

Fuente: Meteored.

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