La noche del 13 de abril de 2029, una luz parecida a una estrella atravesará rápidamente el cielo de buena parte del hemisferio oriental. No será un avión, un satélite ni un meteorito incendiándose en la atmósfera.

Será 99942 Apophis, un asteroide de entre 340 y 375 metros que pasará a unos 32.000 kilómetros de la superficie terrestre. La distancia es aproximadamente una décima parte de la que separa la Tierra de la Luna y menor que la altitud de los satélites geoestacionarios.

Apophis no impactará contra nuestro planeta. Las observaciones realizadas durante casi dos décadas permitieron descartar cualquier colisión durante al menos los próximos cien años. El encuentro será, en cambio, una oportunidad excepcional para observar cómo la gravedad terrestre altera un cuerpo celeste de este tamaño.

Podrá verse como una estrella en movimiento

En su momento de mayor brillo, Apophis alcanzará aproximadamente una magnitud de entre 3 y 4, suficiente para observarlo sin telescopio desde lugares con cielos despejados y relativamente oscuros.

La mejor visibilidad se espera desde gran parte de África y Europa occidental, además de algunas regiones de Asia. Durante varias horas parecerá un punto luminoso desplazándose entre las estrellas y, cerca del máximo acercamiento, podría recorrer en un minuto una distancia aparente mayor que el diámetro de la Luna llena.

No será una estrella fugaz porque Apophis no entrará en la atmósfera. Permanecerá en el espacio y continuará su trayectoria alrededor del Sol después de pasar junto a la Tierra.

Encuentros tan cercanos con un asteroide de estas dimensiones ocurren aproximadamente una vez cada 5.000 o 10.000 años. La ESA calcula que hasta 2.000 millones de personas podrían encontrarse dentro de la región desde la que será potencialmente visible.

La Tierra cambiará su órbita y posiblemente su superficie

La gravedad terrestre desviará de forma notable la trayectoria de Apophis. Antes del encuentro pertenece a la familia de asteroides Atón, cuyas órbitas son generalmente menores que la terrestre. Después pasará a clasificarse como un asteroide Apolo, con una órbita más grande y un periodo mayor alrededor del Sol.

Las fuerzas de marea también estirarán y comprimirán el asteroide. Se espera que cambien su velocidad y su eje de rotación y podrían provocar pequeños terremotos, desprendimientos o movimientos del material superficial.

Nada de esto está garantizado. La reacción dependerá de si Apophis es una roca compacta o un agregado de fragmentos unidos débilmente por la gravedad. Precisamente por eso, observar el antes y el después permitirá deducir cómo está construido por dentro.

Europa llegará antes y la NASA después

La misión europea-japonesa RAMSES despegará en 2028 y tiene previsto alcanzar Apophis en febrero de 2029, aproximadamente dos meses antes del acercamiento. La ESA aprobó definitivamente su financiación en noviembre de 2025.

RAMSES observará la forma, la rotación y la superficie del asteroide antes, durante y después del paso. También desplegará dos pequeños satélites: Farinella utilizará un radar para investigar el interior, mientras que Don Quijote intentará posarse sobre la superficie y registrar con un sismómetro las vibraciones provocadas por la gravedad terrestre.

La nave de la NASA OSIRIS-APEX comenzará a fotografiar Apophis desde lejos antes del encuentro, pero no llegará al asteroide hasta finales de abril de 2029. Después permanecerá cerca durante unos 18 meses para cartografiarlo, analizar su composición y comprobar qué cambió durante el sobrevuelo.

La basura espacial supone un riesgo extremadamente pequeño

Apophis atravesará una región cercana a la órbita geoestacionaria, donde existen satélites operativos, vehículos abandonados y fragmentos que no siempre pueden rastrearse con precisión.

Un estudio publicado en 2026 comparó su trayectoria con una población simulada de objetos en órbitas altas. Los investigadores no encontraron una colisión prevista y consideran que la probabilidad es extremadamente baja. Sin embargo, algunos objetos podrían pasar a pocos kilómetros y el catálogo de fragmentos pequeños está incompleto.

Un impacto contra basura espacial no desviaría Apophis hacia la Tierra. En el escenario improbable de que ocurriera, podría dejar un pequeño cráter, expulsar polvo o modificar ligeramente su rotación, complicando la interpretación de los experimentos científicos instalados sobre su superficie.

Apophis no será una amenaza en 2029. Será algo mucho más raro: un asteroide enorme acercándose lo suficiente para que millones de personas puedan contemplarlo mientras la propia gravedad de la Tierra realiza un experimento imposible de reproducir en un laboratorio.

Fuente: Infobae.

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