Cuando un paisaje árido comienza a degradarse, una de las soluciones más intuitivas consiste en plantar árboles. Pero la restauración ecológica también puede seguir un camino completamente diferente: devolver al territorio los animales que durante miles de años ayudaron a moldearlo.

Ese es el caso de la tortuga de espolones africana, Centrochelys sulcata, el mayor quelonio terrestre del continente africano. Los machos pueden superar los 100 kilos y habitan principalmente las regiones áridas y semiáridas del Sahel.

Su importancia no está únicamente en su tamaño. Estas tortugas excavan madrigueras para protegerse del calor extremo y, al hacerlo, modifican físicamente el terreno.

Las tortugas gigantes están regresando al Sahel y pueden transformar el paisaje: son auténticas excavadoras de más de 100 kilos
Fresca Tecnología – Youtube.

Senegal lleva décadas intentando devolverlas a la naturaleza

La reintroducción de esta especie no comenzó en 2021.

En Senegal, el conservacionista Tomas Diagne creó Save Our Sulcata en 1992, organización vinculada posteriormente al Village des Tortues de Noflaye, un centro de cría destinado a recuperar poblaciones silvestres.

Uno de los proyectos mejor documentados comenzó en 2006, cuando 24 tortugas criadas en cautividad fueron liberadas en Ferlo, una región del norte de Senegal. Tras varios años de seguimiento mediante radiotransmisores, alrededor del 80% seguía con vida y mostraba comportamientos similares a los ejemplares silvestres. En 2011 se añadió un segundo grupo de 12 animales.

Para 2020, una revisión del grupo especializado en tortugas de la UICN señalaba que aproximadamente 56 ejemplares habían sido reintroducidos en la Reserva de Ferlo Nord.

Sus madrigueras cambian físicamente el suelo

Las sulcata pasan buena parte de los periodos más extremos refugiadas bajo tierra.

Sus excavaciones crean espacios con condiciones más estables de temperatura y humedad y remueven continuamente grandes cantidades de suelo. Es precisamente este comportamiento el que ha llevado a describir a grandes tortugas como potenciales “ingenieras del ecosistema”.

Además, el Village des Tortues destaca otro papel: estos animales consumen frutos y vegetación y pueden favorecer la dispersión y germinación de semillas después de que atraviesan su sistema digestivo.

Eso significa que recuperar una población no supone simplemente volver a colocar tortugas en un mapa. También puede devolver al ecosistema procesos que desaparecieron con ellas.

La historia de las “500 tortugas” necesita cautela

En los últimos meses se ha viralizado una historia según la cual 500 tortugas fueron liberadas en 2021 en el borde del Sahara y, cinco años después, su efecto produjo manchas verdes visibles desde satélite. Esa versión aparece repetida en numerosos medios.

Sin embargo, las fuentes científicas y de conservación que documentan los programas de Centrochelys sulcata en Senegal describen cifras y fechas diferentes. No aparece en ellas ese experimento específico de 500 animales ni un análisis satelital que permita atribuirles una transformación masiva del paisaje.

Eso no hace menos interesante la historia real.

Restaurar un ecosistema también significa recuperar a sus animales

La experiencia de Senegal demuestra que la reintroducción puede funcionar: algunos grupos han superado el 80% de supervivencia, se han reproducido en libertad y continúan siendo monitorizados años después.

Y deja una lección mucho más interesante que una historia milagrosa sobre convertir el Sahara en verde.

A veces un ecosistema degradado no necesita únicamente más árboles. Necesita recuperar a los animales que cavaban, comían, dispersaban semillas y transformaban el suelo mucho antes de que los humanos intentáramos restaurarlo.

Fuente: El Cronista.

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