En una jornada llena de notificaciones, reuniones y pantallas, pasar 20 minutos sin hacer absolutamente nada puede parecer tiempo desperdiciado. Desde el punto de vista del cerebro, ocurre prácticamente lo contrario.

Cuando dejamos de concentrarnos en estímulos externos, la actividad cerebral no desaparece: cambia de organización. Empiezan a ganar protagonismo redes vinculadas con recuerdos, pensamientos internos, planificación y asociaciones espontáneas.

No existe, eso sí, nada mágico específicamente en los 20 minutos. Los estudios utilizan pausas de diferentes duraciones y la evidencia apunta de manera general a que los períodos de reposo despierto pueden cumplir funciones cognitivas importantes.

El cerebro puede volver a reproducir lo que acabamos de aprender

Uno de los fenómenos más interesantes es conocido como neural replay, o reactivación neuronal.

Después de una experiencia o aprendizaje, determinados patrones de actividad cerebral pueden reaparecer durante períodos de descanso. Se cree que esta reactivación contribuye a estabilizar y reorganizar la información recién adquirida.

Fabian Renz, investigador del Instituto Max Planck de Ciencias Cognitivas y Neurociencias de Leipzig, explica que una de las principales teorías sobre consolidación plantea que los recuerdos se codifican inicialmente con una fuerte participación del hipocampo y posteriormente se reorganizan mediante interacciones con regiones corticales durante el descanso y, especialmente, durante el sueño.

Por eso estudiar durante horas sin ninguna pausa no necesariamente significa aprovechar mejor esas horas.

El cerebro no descansa cuando tú paras: esto ocurre durante 20 minutos de reposo mental
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En reposo entra en juego la llamada red neuronal por defecto

Cuando dejamos de prestar atención constante al exterior también aumenta la participación de la Default Mode Network (DMN), o red neuronal por defecto.

No se trata de un único punto del cerebro, sino de un conjunto distribuido de regiones que participa especialmente cuando recordamos acontecimientos personales, imaginamos escenarios futuros o dejamos que nuestros pensamientos vaguen.

Eso explica por qué durante una ducha, un paseo tranquilo o unos minutos mirando por la ventana pueden aparecer de repente recuerdos o soluciones a problemas que no estábamos intentando resolver conscientemente.

El cerebro ha dejado de perseguir una tarea externa concreta, pero sigue combinando información.

Las pausas también parecen favorecer la creatividad

La relación resulta particularmente interesante cuando se estudia la creatividad.

Una investigación publicada en Communications Biology encontró que las personas con mayor capacidad creativa mostraban una transición más flexible entre diferentes estados de redes cerebrales durante el reposo, incluidas la red por defecto y las redes de control ejecutivo.

Otros trabajos han mostrado que el pensamiento creativo parece depender precisamente de la cooperación entre sistemas asociados al pensamiento espontáneo y otros encargados de evaluar y controlar las ideas.

Es decir, una buena idea no necesariamente aparece mientras estamos obligándonos a pensar en ella.

El cerebro no descansa cuando tú paras: esto ocurre durante 20 minutos de reposo mental
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Pero descansar no significa mirar TikTok durante 20 minutos

Hay un detalle fundamental: reposo mental no es simplemente dejar de trabajar para consumir otros estímulos.

Si cada pausa se llena inmediatamente con redes sociales, vídeos, mensajes o noticias, el cerebro continúa recibiendo información externa que debe procesar.

MDR Wissen recoge incluso una recomendación orientativa de investigadores que plantean aproximadamente diez minutos de pausa por cada 50 minutos de actividad concentrada, aunque no debe interpretarse como una fórmula biológica universal.

Las necesidades cambian entre personas, actividades y momentos del día.

Lo que sí cuestiona la neurociencia es nuestra idea de que estar mentalmente ocupado todo el tiempo equivale automáticamente a ser más productivo.

A veces, sentarse durante unos minutos sin abrir una aplicación, sin empezar otra tarea y dejando simplemente que los pensamientos vaguen no es dejar de utilizar el cerebro. Es darle espacio para hacer otro tipo de trabajo.

Fuente: Infobae.

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