Cuando llega el verano, prácticamente desaparece. No quedan grandes praderas visibles ni tallos cubriendo el fondo. Sin embargo, la planta sigue allí, esperando bajo el sedimento.
Ese peculiar comportamiento de Ruppia maritima, una planta acuática nativa presente en ambientes salobres, llamó la atención de investigadores de la Florida Atlantic University (FAU), que creen que podría convertirse en una herramienta interesante para recuperar ecosistemas costeros que han perdido gran parte de su vegetación.
La clave está en algo diminuto: sus semillas.
La planta desaparece, pero deja una reserva bajo tierra
El equipo estudió durante tres años poblaciones naturales de Ruppia maritima en dos zonas de Bee Gum Point Nature Preserve, dentro de la Indian River Lagoon, en Florida.
Esta laguna ha sufrido durante años deterioro de la calidad del agua, proliferaciones de algas y una importante pérdida de vegetación submarina.
Los investigadores observaron un patrón que se repetía cada temporada. La planta crecía principalmente desde finales del invierno hasta primavera, florecía y después la vegetación visible desaparecía durante el verano.
Pero aquello no significaba que la población hubiera muerto.
En el sedimento permanecía un banco de semillas viable. Cuando las condiciones ambientales volvían a ser adecuadas, las semillas germinaban y la pradera reaparecía.

El agua dulce parece funcionar como una señal
Los experimentos realizados en laboratorio revelaron otra característica interesante.
Las semillas podían soportar periodos prolongados expuestas a salinidades elevadas sin perder su capacidad de germinar. Pero cuando los investigadores redujeron la salinidad —especialmente al introducirlas en agua dulce— la germinación aumentó considerablemente.
En un estuario tiene sentido.
Las lluvias, las entradas de los ríos y las variaciones hidrológicas modifican continuamente la salinidad. Permanecer dormida mientras las condiciones son adversas y “despertar” después de un cambio favorable podría representar una importante ventaja de supervivencia.
Y también una ventaja para los científicos que intentan restaurar esos lugares.
Consiguieron cultivarla fuera de la laguna
El equipo llevó ejemplares hasta los tanques de acuicultura del vivero de plantas marinas de FAU Harbor Branch.
La población cultivada consiguió establecerse, producir semillas viables y reproducir un ciclo estacional similar al observado en libertad. Además, el cultivo iniciado en 2021 se ha mantenido por sí mismo.
Esto abre la posibilidad de producir plantas y semillas de manera controlada, evitando depender constantemente de la extracción de ejemplares de poblaciones silvestres.
Podría preparar el terreno para otras especies
La idea no es necesariamente llenar todas las lagunas con Ruppia maritima.
Los investigadores creen que podría funcionar como una especie pionera: una primera colonizadora capaz de instalarse en fondos degradados donde otras plantas tendrían dificultades.
Una vez establecida, su vegetación podría ayudar a estabilizar sedimentos, reducir su resuspensión y crear hábitat para peces juveniles, crustáceos e invertebrados. Con menos partículas suspendidas, además, podría penetrar más luz en el agua y facilitar posteriormente la llegada de otras plantas.
Pero sembrar no solucionará por sí solo una laguna degradada
El estudio también deja una limitación importante.
Incluso una especie extraordinariamente resistente tendrá dificultades si persisten las causas que destruyeron el ecosistema: exceso de nutrientes, proliferaciones de algas, mala calidad del agua, turbidez o alteraciones del flujo hidrológico.
Los siguientes ensayos tendrán que comprobar si las semillas y plantas producidas en vivero consiguen establecer poblaciones autosuficientes en ambientes naturales y, sobre todo, si ayudan realmente a que regresen comunidades vegetales más diversas.
La estrategia resulta prometedora precisamente porque cambia la lógica habitual: en lugar de intentar reconstruir de golpe una pradera perdida, utilizar una planta capaz de sobrevivir a las peores condiciones para empezar a reconstruir el ecosistema desde abajo.
Fuente: Investigación y Desarrollo.
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