Cuando llega una ola de calor solemos preocuparnos por mantener fresca la casa o evitar permanecer demasiado tiempo al sol, pero los dispositivos electrónicos también tienen sus propios límites. Un teléfono olvidado dentro del coche, un portátil apoyado sobre una cama o una consola encerrada en un mueble pueden alcanzar temperaturas suficientemente altas como para empezar a funcionar mal.

Los equipos modernos incluyen sistemas de protección que reducen automáticamente el rendimiento o incluso apagan el dispositivo cuando detectan un exceso de temperatura. Sin embargo, recurrir constantemente a estos mecanismos no es lo ideal, especialmente porque el calor sostenido puede acelerar el desgaste de determinados componentes, entre ellos las baterías.

Ordenadores y portátiles: cuando el calor obliga al procesador a frenar

Uno de los primeros síntomas de sobrecalentamiento en un ordenador suele ser una reducción inesperada del rendimiento. Cuando el procesador alcanza determinadas temperaturas, el propio sistema puede disminuir su frecuencia para generar menos calor, un mecanismo conocido como thermal throttling.

Si la temperatura continúa aumentando, el ordenador puede llegar a apagarse para proteger los componentes.

En un PC de sobremesa resulta fundamental mantener un buen flujo de aire dentro de la torre y limpiar periódicamente ventiladores, filtros y entradas de aire, donde el polvo puede reducir considerablemente la capacidad de refrigeración.

En los portátiles conviene evitar utilizarlos sobre camas, sofás, almohadones u otras superficies blandas capaces de bloquear las rejillas inferiores. Una mesa rígida y ventilada facilita mucho mejor la disipación, mientras que una base refrigeradora puede ser útil cuando la temperatura ambiente es especialmente elevada.

El calor también puede arruinar tus dispositivos: así puedes proteger el móvil, el PC, la consola y los electrodomésticos
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El móvil nunca debería quedarse dentro de un coche al sol

Los teléfonos concentran batería, procesador y pantalla en un espacio extremadamente reducido, por lo que pueden calentarse rápidamente cuando reciben luz solar directa.

Cuando el dispositivo ya está caliente es recomendable evitar tareas exigentes como jugar, grabar vídeo en alta resolución o utilizar carga rápida, porque todas ellas generan todavía más temperatura.

También puede ayudar disminuir el brillo de la pantalla y retirar temporalmente una funda muy gruesa si dificulta la disipación.

Hay una solución que, aunque parece lógica, debería evitarse completamente: meter el móvil en la nevera o el congelador para enfriarlo rápidamente. El cambio brusco de temperatura puede generar condensación en su interior y terminar causando problemas adicionales.

Y dejarlo dentro de un automóvil estacionado al sol es todavía peor, porque el habitáculo puede alcanzar temperaturas muy superiores a las del exterior.

Las consolas también necesitan respirar

Una consola que empieza a hacer funcionar sus ventiladores constantemente al máximo o que presenta caídas de rendimiento durante una partida puede estar teniendo dificultades para eliminar el calor.

La recomendación principal es sencilla: no encerrarla dentro de muebles sin circulación de aire y dejar suficiente espacio alrededor de sus entradas y salidas de ventilación.

También conviene limpiar periódicamente el polvo acumulado. En algunos casos, elevar ligeramente la consola respecto a la superficie puede favorecer la circulación del aire, siempre respetando la posición y recomendaciones indicadas por el fabricante.

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Neveras y otros electrodomésticos tampoco son inmunes

Frigoríficos, televisores y numerosos electrodomésticos modernos incorporan componentes electrónicos que también pueden verse afectados por temperaturas extremas.

En el caso de una nevera, el calor ambiental obliga al sistema de refrigeración a trabajar más para mantener la temperatura interior. Por eso es importante no bloquear las zonas de ventilación y evitar colocar el aparato junto a fuentes importantes de calor o bajo luz solar directa.

La regla general para prácticamente cualquier dispositivo es la misma: permitir que circule aire alrededor, mantener limpios sus sistemas de ventilación y evitar el sol directo.

Porque durante una ola de calor no solo nosotros necesitamos mantenernos frescos. Nuestros dispositivos también funcionan mejor —y probablemente duren más— cuando pueden eliminar correctamente el calor que generan.

Fuente: 20 Bits.

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