La luz azul no apareció con los smartphones. Forma parte naturalmente de la radiación visible procedente del Sol y estamos expuestos a ella todos los días. Lo que cambió durante las últimas décadas fue la cantidad de tiempo que pasamos frente a pantallas LED, teléfonos, computadoras, tablets y televisores, especialmente durante la noche.

Esta exposición ha alimentado la preocupación por posibles daños en los ojos y explica el crecimiento de productos como anteojos con filtros especiales. Sin embargo, la evidencia disponible dibuja una situación bastante más compleja: el principal problema de las pantallas no parece ser que su luz azul destruya nuestros ojos, sino la manera y el tiempo durante el que las utilizamos.

El cansancio visual existe, pero la luz azul no es la única responsable

Pasar varias horas delante de una computadora puede provocar sequedad ocular, visión borrosa, lagrimeo, sensación de cansancio y dolores de cabeza. Este conjunto de síntomas se conoce como fatiga visual digital o síndrome de visión por computadora.

La American Academy of Ophthalmology señala que buena parte de estas molestias está relacionada con el trabajo prolongado de cerca. Cuando miramos una pantalla tendemos además a parpadear menos, lo que favorece que la superficie del ojo se seque.

A esto se suman factores como una mala iluminación, reflejos sobre el monitor, una distancia inadecuada o permanecer demasiado tiempo enfocando a corta distancia.

Por el momento, tampoco existe evidencia sólida de que la cantidad de luz azul producida por los dispositivos electrónicos cause directamente daños en la retina humana o degeneración macular.

La luz azul de las pantallas no parece dañar la retina, pero sí puede alterar el sueño y cansar la vista
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El efecto más claro aparece cuando llega la noche

Donde la luz azul adquiere mayor importancia es en el ritmo circadiano, el sistema interno que ayuda a determinar cuándo debemos estar despiertos y cuándo es momento de dormir.

La exposición a longitudes de onda azules durante la noche puede reducir la producción de melatonina, una hormona que participa en la regulación del sueño. El cerebro interpreta esa luz como una señal relacionada con el día y puede retrasar algunas de las respuestas que normalmente preparan al organismo para descansar.

Durante las horas diurnas esto no necesariamente es negativo. La luz azul natural puede contribuir a mantener el estado de alerta y favorecer determinados tiempos de reacción. El problema aparece cuando esa misma señal continúa llegando intensamente durante las horas previas a acostarnos.

La regla 20-20-20 puede aliviar la fatiga visual

Las principales recomendaciones no pasan por abandonar completamente las pantallas, sino por utilizarlas de forma diferente.

Una de las pautas más conocidas es la regla 20-20-20: cada 20 minutos, mirar durante al menos 20 segundos un objeto situado a unos 20 pies, aproximadamente seis metros. El objetivo es romper períodos prolongados de enfoque cercano y permitir que los ojos descansen.

También se recomienda mantener la pantalla a alrededor de 60 o 65 centímetros, colocarla ligeramente por debajo de la línea de visión y recordar parpadear con frecuencia.

Cuando existe sequedad persistente, las lágrimas artificiales pueden ayudar, aunque las molestias recurrentes deberían evaluarse con un profesional.

Los anteojos contra la luz azul no son una solución mágica

Los lentes que bloquean parte de la luz azul se popularizaron como una forma de proteger los ojos frente a las pantallas. Sin embargo, organizaciones como la American Academy of Ophthalmology sostienen que no son necesarios para prevenir daños oculares provocados por computadoras, porque ese daño no ha sido demostrado.

Para mejorar el descanso nocturno parece más relevante controlar los horarios. Reducir las pantallas durante una o dos horas antes de dormir, disminuir el brillo y utilizar modos nocturnos puede limitar la estimulación lumínica en momentos en los que el cuerpo debería prepararse para descansar.

La conclusión es menos alarmante de lo que suele sugerirse: las pantallas no parecen estar quemando nuestras retinas con luz azul, pero pasar demasiadas horas mirándolas —especialmente de noche— sí puede tener consecuencias sobre nuestros ojos, nuestro descanso y nuestros hábitos diarios.

Fuente: Infobae.

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