Deimos, la más pequeña y distante de las dos lunas de Marte, pudo haber adquirido buena parte de su aspecto actual debido a un único y enorme impacto ocurrido en su pasado. Un estudio liderado por la investigadora Sabina Raducan plantea que un asteroide de aproximadamente 320 metros de diámetro chocó contra el satélite marciano con un ángulo cercano a los 45 grados y alteró su superficie a escala global sin llegar a destruirlo.
La investigación, publicada en Nature Astronomy y difundida por la Universidad de Berna, ofrece una posible explicación para dos de las características más llamativas de Deimos: la gran depresión localizada en su región austral y la gruesa capa de polvo y fragmentos, conocida como regolito, que suaviza buena parte de su relieve.
El choque habría expulsado enormes cantidades de material que posteriormente volvieron a caer sobre la luna. En determinadas zonas, esta acumulación podría superar incluso los 200 metros de espesor, enterrando características geológicas anteriores y dejando la apariencia relativamente uniforme que observamos actualmente.

Casi 100 simulaciones para reconstruir el impacto
Para determinar qué tipo de colisión podía producir semejante resultado, los científicos recurrieron a un avanzado sistema de simulación desarrollado durante aproximadamente dos décadas en la Universidad de Berna.
El programa divide los cuerpos implicados en millones de partículas y reproduce cómo reaccionarían durante una colisión dependiendo de variables como la gravedad, la velocidad, la densidad, el ángulo del impacto y la resistencia interna de los materiales.
El equipo realizó cerca de 100 simulaciones diferentes, modificando tanto el tamaño y la trayectoria del objeto impactador como la estructura interna de Deimos. Cada simulación necesitó alrededor de una semana de procesamiento mediante sistemas informáticos de alto rendimiento.
Después, los investigadores compararon los escenarios obtenidos con observaciones realizadas por la sonda Hera de la Agencia Espacial Europea, que sobrevoló Marte y Deimos en marzo de 2025 mientras utilizaba la gravedad del planeta para ajustar su trayectoria hacia Dimorphos, la luna asteroide que había sido golpeada anteriormente por la misión DART de la NASA.
Deimos podría ser extremadamente porosa
El escenario que mejor coincide con las observaciones corresponde a un impacto oblicuo producido por un objeto de aproximadamente 320 metros. La colisión habría excavado la depresión del polo sur y lanzado suficiente material como para cubrir gran parte de la luna, pero no habría liberado la energía necesaria para fragmentarla.
Esto ofrece además pistas sobre la estructura interna de Deimos. Según las simulaciones, sus capas superiores serían muy débiles y su interior extremadamente poroso, características que habrían permitido absorber una parte importante de la energía del impacto.
Raducan señala que estas propiedades hacen que Deimos se parezca físicamente más a los denominados asteroides de escombros, cuerpos formados por fragmentos débilmente unidos, que a la Luna terrestre.
Sin embargo, esto no significa necesariamente que Deimos sea un asteroide capturado por Marte. Otra hipótesis continúa planteando que tanto Deimos como Fobos podrían haberse formado a partir de material expulsado por enormes impactos contra el propio planeta rojo.
Una misión japonesa podrá comprobar la hipótesis
La explicación todavía no es definitiva, pero tiene una ventaja importante: genera predicciones que podrán comprobarse mediante futuras exploraciones.
La misión japonesa Martian Moons eXploration (MMX) tiene como objetivo estudiar detalladamente Fobos y Deimos y traer a la Tierra muestras obtenidas de Fobos. Los datos recogidos durante la misión podrían ayudar a determinar el espesor real del regolito, sus propiedades mecánicas y la composición de las lunas marcianas.
La nueva investigación proporciona precisamente estimaciones sobre cómo debería distribuirse esa capa superficial si efectivamente fue creada por un gran impacto.
De confirmarse, el paisaje aparentemente tranquilo de Deimos escondería una historia mucho más violenta: un solo asteroide habría bastado para remodelar prácticamente toda una luna de Marte sin llegar a destruirla.
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