Bailar exige coordinación, fuerza, flexibilidad y una enorme capacidad para repetir movimientos complejos durante horas. Esa combinación convierte al cuerpo en la principal herramienta de trabajo, pero también puede someter determinadas regiones a cargas importantes. Una investigación realizada en Chile acaba de poner números a uno de esos problemas: más de la mitad de los bailarines evaluados declaró sufrir dolor lumbar.
El estudio fue realizado por Carol Ule, kinesióloga y académica del Laboratorio REDES de la Universidad de Los Lagos, con el objetivo de caracterizar el dolor lumbar inespecífico entre bailarines profesionales y semiprofesionales de ballet, folclore, danza urbana y ritmos latinos.
La investigación, publicada en la revista científica Cultura, Ciencia y Deporte, busca cubrir además un vacío de información, ya que existe relativamente poca evidencia chilena sobre la salud musculoesquelética de personas que se dedican de manera intensiva a la danza.

El 57,7% de los bailarines reportó dolor lumbar
Los resultados mostraron que el 57,7% de los participantes presentaba dolor lumbar, aunque la frecuencia no fue igual en todas las disciplinas. Los estilos clásico y urbano fueron los que mostraron una prevalencia mayor dentro de la población estudiada.
Esto resulta relevante porque cada tipo de danza somete al cuerpo a exigencias diferentes. El ballet, por ejemplo, requiere posiciones extremas, control postural y movimientos repetitivos, mientras que las danzas urbanas pueden incluir impactos, cambios rápidos de dirección y movimientos explosivos.
La investigación señala precisamente que las demandas técnicas específicas de cada estilo podrían estar relacionadas con la aparición del dolor, por lo que las estrategias preventivas no necesariamente deberían ser idénticas para todos los bailarines.
A pesar de la elevada presencia de molestias lumbares, la discapacidad funcional promedio observada fue baja, de alrededor del 1,46%. Sin embargo, determinadas actividades que implican una carga biomecánica importante, como permanecer de pie durante periodos prolongados o levantar peso, mostraron mayores niveles de afectación.
El control motor también podría desempeñar un papel importante
Otro de los hallazgos apareció al comparar profesionales y semiprofesionales. Estos últimos mostraron mayor ineficiencia en el control motor, es decir, más dificultades para organizar y estabilizar determinados movimientos de manera eficiente.
Los investigadores también identificaron relaciones entre el dolor experimentado después de la práctica y algunos parámetros de composición corporal, especialmente la grasa visceral.
Esto no implica necesariamente que un único factor provoque el dolor lumbar. Al contrario, los resultados apuntan a un fenómeno multifactorial en el que pueden intervenir simultáneamente la técnica utilizada, las cargas acumuladas durante el entrenamiento, las asimetrías funcionales, el control motor y características individuales del bailarín.

La prevención podría adaptarse a cada estilo de danza
Comprender estos factores puede tener aplicaciones directas fuera del laboratorio. Kinesiólogos, profesores, entrenadores y profesionales de la salud podrían utilizar esta información para diseñar programas específicos destinados a mejorar el control motor, la biomecánica y la gestión de las cargas de entrenamiento.
La intención no sería únicamente tratar el dolor cuando aparece, sino detectar antes posibles factores de riesgo y adaptar la preparación física a las exigencias concretas de cada disciplina.
Para Ule, el trabajo también tiene importancia por haberse desarrollado desde la provincia de Llanquihue y aportar datos sobre una población que ha recibido relativamente poca atención científica en Chile.
El estudio muestra así que detrás de la precisión y aparente facilidad de una coreografía existe un cuerpo sometido a exigencias muy concretas. La danza también puede estudiarse desde la biomecánica, y comprender cómo responde el cuerpo de los bailarines puede ser una herramienta tan importante para su rendimiento como para prevenir que el dolor termine acompañándolos fuera del escenario.
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