En uno de los sectores menos explorados del océano Índico, científicos encontraron algo que transforma la imagen tradicional de las profundidades marinas. A entre 4.616 y 7.001 metros bajo la superficie, la llamada Zona de Diamantina alberga una enorme concentración de esqueletos y fósiles de ballenas distribuida a lo largo de unos 1.200 kilómetros de fondo oceánico, convirtiéndose en la necrópolis de cetáceos más profunda y extensa conocida hasta ahora.
El descubrimiento fue realizado mediante 32 inmersiones del sumergible tripulado Fendouzhe, que recorrió distintos sectores de esta región situada en el sudeste del océano Índico. Los investigadores registraron 476 cetáceos fósiles y cinco “caídas de ballena” modernas, es decir, cadáveres relativamente recientes que todavía mantienen ecosistemas activos a su alrededor. En algunos sectores, la densidad estimada alcanzó hasta 759,5 restos por kilómetro cuadrado.

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Cada ballena muerta puede convertirse en un oasis de vida
Cuando una ballena muere en mar abierto, su cuerpo termina hundiéndose y puede llegar hasta el fondo oceánico. Allí comienza un proceso extraordinario: durante años o incluso décadas, el cadáver aporta una enorme cantidad de alimento a organismos acostumbrados a vivir en uno de los ambientes más pobres en nutrientes del planeta.
En Diamantina, los científicos observaron comunidades dominadas por ofiuras, gusanos devoradores de huesos del género Osedax y bivalvos asociados a microorganismos quimiosintéticos. El estudio señala además que algunos de los organismos encontrados podrían representar especies todavía desconocidas para la ciencia.
Sin embargo, lo más sorprendente es que estas acumulaciones no comenzaron recientemente. El análisis isotópico de los huesos permitió fechar algunos restos en hasta 5,26 millones de años, demostrando que las ballenas llevan cayendo en esta región desde, al menos, comienzos del Plioceno.
Entre los fósiles aparecieron especies actuales y otras desaparecidas. Uno de los hallazgos más importantes fue un ejemplar de Pterocetus benguelae y los restos de una especie hasta ahora desconocida, bautizada Pterocetus diamantinae en referencia al lugar donde fue encontrada.
¿Por qué hay tantas ballenas precisamente aquí?
Los investigadores creen que la concentración responde a una combinación poco habitual de factores. La Zona de Diamantina es utilizada por diferentes cetáceos y ofrece abundantes calamares y peces, convirtiéndola en una región atractiva para las ballenas picudas o zifios, animales especializados en realizar inmersiones extremadamente profundas.
Estas inmersiones también implican riesgos. Alcanzar grandes profundidades exige enormes adaptaciones fisiológicas y puede aumentar la posibilidad de agotamiento o problemas relacionados con la descompresión. Una vez muertos, además, la topografía en forma de “V” de la región podría favorecer que los cadáveres que descienden desde la superficie terminen concentrándose en determinados sectores del fondo.
La conservación también resulta excepcional. En la zona se acumula muy poco sedimento, por lo que algunos huesos pueden permanecer expuestos durante cientos de miles o incluso millones de años. A esto se suma la formación progresiva de capas de óxidos de hierro y manganeso, que recubren los restos y contribuyen a protegerlos de la degradación.
El resultado es mucho más que un enorme cementerio submarino. Diamantina funciona como un archivo natural de millones de años de evolución de los cetáceos, capaz de revelar cómo cambiaron las ballenas de aguas profundas y cómo sus cadáveres han sostenido ecosistemas completos en algunos de los lugares más extremos del planeta.
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