Cuando hablamos de defensa planetaria, la misión DART de la NASA suele llevarse casi todo el protagonismo. No es para menos: en 2022 logró modificar la órbita del asteroide Dimorphos después de impactar deliberadamente contra él, demostrando que, al menos en determinadas circunstancias, es posible alterar la trayectoria de un objeto espacial.
Pero no es el único ensayo que puede ayudarnos a prepararnos ante una futura amenaza. Europa trabaja con la misión Hera y Japón está aprovechando una nave que originalmente tenía una misión muy distinta: Hayabusa 2.
Una misión que se negó a terminar
Hayabusa 2 alcanzó uno de sus mayores hitos en diciembre de 2020, cuando las muestras que había recogido del asteroide Ryugu regresaron con éxito a la Tierra. Aquello podía haber sido el final de la misión.
Sin embargo, la nave todavía tenía combustible y sus instrumentos seguían funcionando. JAXA decidió entonces aprovecharla para iniciar una misión extendida y visitar nuevos objetos cercanos a la Tierra.
Uno de ellos fue Torifune, al que Hayabusa 2 se aproximó en julio de 2026. Durante el encuentro, la nave utilizó su sistema LiDAR para medir con enorme precisión la distancia al asteroide mediante pulsos láser.
El principio es relativamente sencillo: se dispara un haz de luz hacia un objeto y se calcula cuánto tarda su reflejo en regresar. Con esa información puede determinarse la distancia con mucha más exactitud.
Saber dónde está un asteroide es fundamental
Puede parecer una medición rutinaria, pero en el espacio resulta especialmente complicada.
Sin referencias visuales claras, un objeto pequeño y cercano puede resultar difícil de distinguir de otro mucho mayor situado a más distancia. Esa incertidumbre puede afectar directamente a los cálculos sobre el tamaño, la trayectoria y el posible riesgo de un asteroide.
Por eso, perfeccionar sistemas capaces de determinar su distancia con precisión es una herramienta muy valiosa para la defensa planetaria.
Hayabusa 2 realizó mediciones desde diferentes distancias antes de continuar hacia su próximo objetivo.
Su siguiente destino es todavía más interesante
La nave japonesa se dirige ahora al asteroide 1998 KY26, un objeto especialmente peculiar.
Las observaciones realizadas desde la Tierra han demostrado que es mucho más pequeño de lo que se pensaba inicialmente, con aproximadamente 11 metros de diámetro. Además, gira extremadamente rápido y presenta características de brillo distintas de las estimadas anteriormente.
Precisamente ese tipo de objeto representa uno de los grandes desafíos para los sistemas de vigilancia espacial.
Los asteroides pequeños pueden ser mucho más difíciles de detectar con antelación y, cuando además rotan rápidamente, determinar su forma, composición y estructura se vuelve todavía más complejo.
Hayabusa 2 permitirá observarlo desde una distancia imposible para cualquier telescopio terrestre.
El gran encuentro llegará en 2031
La nave debería alcanzar 1998 KY26 en julio de 2031. A partir de entonces comenzará una fase de observación que podría extenderse durante aproximadamente un año.
Los científicos estudiarán su superficie, su movimiento y las características del regolito. Incluso se contempla la posibilidad de realizar una maniobra de aproximación extrema similar a las realizadas anteriormente en Ryugu.
Hayabusa 2 nació para traer a la Tierra fragmentos de un asteroide. Más de una década después de su lanzamiento, su misión se ha convertido en algo mucho más amplio: aprender cómo encontrar, medir y entender los pequeños asteroides que algún día podrían acercarse demasiado a nuestro planeta.
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