El suelo no es solo tierra: funciona como una esponja viva
Un suelo saludable está atravesado por raíces, galerías, agregados minerales y microorganismos que crean una compleja red de poros.
Esa estructura permite que el agua de lluvia penetre, permanezca almacenada y esté disponible para las plantas cuando llegan períodos secos. La materia orgánica desempeña aquí un papel fundamental: ayuda a mantener unidos los agregados del suelo, mejora su capacidad de retención y favorece la actividad biológica.
Los problemas aparecen cuando un sistema agrícola pierde diversidad y además mantiene prácticas intensivas durante largos períodos.
El Departamento de Agricultura de Estados Unidos señala que el monocultivo, el laboreo intensivo y el uso excesivo de determinados insumos pueden contribuir a la pérdida de materia orgánica y biodiversidad, aumentando la vulnerabilidad frente a erosión y pérdida de nutrientes.
Cuando la estructura se deteriora, una mayor proporción del agua puede escurrir por la superficie en lugar de infiltrarse.
El resultado es paradójico: incluso después de una lluvia intensa, el cultivo puede disponer de menos agua almacenada en el suelo cuando llegue la siguiente sequía.

Una sola especie también simplifica el mundo subterráneo
Las raíces no solo absorben agua y nutrientes. También liberan azúcares y otras moléculas que alimentan a bacterias y hongos alrededor de ellas.
Cada especie vegetal genera una comunidad particular en esa zona, conocida como rizosfera.
Por eso, cultivar especies diferentes introduce distintas raíces, residuos y fuentes de alimento para los microorganismos. Una gran metaanálisis publicado en Nature Communications en 2025, basado en más de 2.400 comparaciones, encontró que las rotaciones de cultivos aumentan diferentes componentes de la diversidad bacteriana y fúngica del suelo.
Una comunidad microbiana diversa puede participar en el reciclaje de nutrientes, competir con algunos patógenos y favorecer asociaciones beneficiosas como las micorrizas.
No significa que un monocultivo vaya inevitablemente a perder todos esos organismos, pero mantener durante años el mismo cultivo reduce parte de la diversidad ecológica que alimenta esa red.
Por qué las plagas encuentran una oportunidad
La homogeneidad también puede facilitar la propagación de enfermedades.
Cuando miles de plantas pertenecen a la misma especie y presentan características genéticas similares, un patógeno adaptado a ellas encuentra numerosos huéspedes susceptibles próximos entre sí.
La diversidad genética o la combinación de diferentes cultivos puede interrumpir parte de esa continuidad y dificultar la expansión de determinadas enfermedades.
Algo parecido ocurre con los insectos: sistemas agrícolas más diversos pueden proporcionar hábitat para depredadores y otros organismos que participan en el control natural de algunas plagas.
Recuperar diversidad sin renunciar a producir
La alternativa no consiste necesariamente en abandonar los cultivos comerciales.
Prácticas como la rotación de especies, los cultivos de cobertura, mantener raíces vivas durante más meses y reducir el laboreo cuando sea posible pueden mejorar la estructura del suelo y aumentar su diversidad biológica.
Los cultivos de cobertura, por ejemplo, reducen la erosión, aumentan la infiltración y aportan materia orgánica. Las rotaciones permiten además utilizar raíces de diferentes profundidades y romper algunos ciclos de enfermedades y plagas.
La idea que emerge de la ciencia del suelo es sencilla: un campo uniforme puede ser eficiente a corto plazo, pero un suelo biológicamente diverso dispone de más herramientas para responder cuando cambian las condiciones.
Y en un escenario de sequías más frecuentes y fenómenos climáticos extremos, esa capacidad de recuperación puede convertirse en una parte cada vez más importante de la productividad agrícola.
Fuente: Noticias de la Ciencia y la Tecnología.
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