Una batería escondida bajo nuestros pies

La energía solar y eólica tienen un problema conocido: no siempre producen electricidad cuando más se necesita. En días de mucho sol o viento puede generarse más energía de la que la red es capaz de consumir, mientras que unas horas después ocurre justamente lo contrario.

Investigadores de la Universidade NOVA de Lisboa y el Instituto Dom Luiz de la Universidad de Lisboa están estudiando una solución poco convencional: utilizar el subsuelo como un enorme sistema de almacenamiento.

El trabajo, publicado en la revista Geoenergy, analiza el potencial del almacenamiento de energía mediante aire comprimido en medios porosos, conocido como CAES-PM.

La idea consiste en aprovechar electricidad sobrante para comprimir aire atmosférico e introducirlo mediante pozos en formaciones rocosas profundas.

Cómo puede una roca almacenar energía

Rocas como areniscas o determinadas calizas contienen diminutos espacios entre sus granos. En profundidad, esos poros suelen encontrarse ocupados por agua salada.

Al introducir aire a gran presión, este desplaza parte de esa agua y queda confinado dentro de la formación geológica.

Cuando la red vuelve a necesitar electricidad, el proceso se invierte: el aire comprimido regresa a la superficie, se expande y mueve turbinas capaces de generar electricidad.

El principio no es completamente nuevo. Sistemas de almacenamiento mediante aire comprimido se estudian desde hace décadas y ya se han utilizado cavernas de sal. La diferencia es que las formaciones rocosas porosas podrían ampliar enormemente la cantidad de lugares disponibles.

Hasta 1 TWh en el escenario más favorable

Los científicos modelaron diferentes profundidades, tamaños de reservorio, presiones y condiciones termodinámicas.

El resultado más prometedor apareció en un sistema adiabático-isobárico, que podría alcanzar una densidad energética de hasta 156 kWh por metro cúbico y una capacidad máxima cercana a 1 TWh a unos 3.000 metros de profundidad.

Pero esa cifra requiere cautela.

Se trata de una estimación teórica máxima bajo condiciones óptimas, no de un depósito que ya exista y esté funcionando en Portugal. Ricardo Pereira, uno de los autores, explica que sirve principalmente para comprender la escala potencial de esta tecnología.

Según la Universidade NOVA, capacidades de ese orden podrían equivaler al consumo de cientos de miles de hogares.

Cuanto más profundo, mayor puede ser el almacenamiento

Una de las conclusiones centrales del estudio es que la profundidad importa.

Al descender aumentan la presión y la temperatura del subsuelo, factores que modifican directamente cuánta energía puede almacenarse y recuperarse.

Pero no sirve cualquier roca. Antes de construir un sistema habría que estudiar cuidadosamente su porosidad, permeabilidad, tamaño, presión máxima y características geotérmicas, además de comprobar que exista una capa suficientemente impermeable que impida el escape del aire.

Una reserva para cuando falle la red

Otra ventaja potencial es que estos sistemas podrían proporcionar capacidad de “black start”, es decir, contribuir a recuperar una red eléctrica después de un apagón generalizado sin depender de que toda la infraestructura esté previamente operativa.

También están pensados para almacenamiento de larga duración, complementando a las baterías de litio en situaciones donde es necesario guardar grandes cantidades de energía durante períodos prolongados.

Todavía falta pasar del modelo al terreno

Por ahora, Portugal no tiene una instalación de este tipo funcionando en roca porosa.

Los investigadores calculan que desarrollar un proyecto podría requerir entre cinco y diez años, incluyendo estudios geológicos, perforaciones, pruebas piloto y autorizaciones. Además, Portugal todavía necesita un marco regulatorio específico para este tipo de almacenamiento subterráneo.

La investigación demuestra por ahora algo más básico pero importante: bajo determinadas condiciones, el espacio microscópico escondido dentro de las rocas podría convertirse en un enorme almacén para la energía renovable que hoy no sabemos dónde guardar.

Fuente: Xataka.

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