Agua o una bebida sin azúcar. Para alguien que intenta perder peso, la primera opción parece intuitivamente superior. Sin embargo, uno de los ensayos clínicos más largos realizados sobre esta cuestión acaba de encontrar un resultado bastante menos evidente.
Investigadores de la Universidad de Liverpool siguieron durante dos años a 493 adultos con sobrepeso u obesidad que participaban en un programa para controlar su peso.
Al terminar el seguimiento, quienes consumían bebidas con edulcorantes no nutritivos habían perdido una media de 4,8 kilogramos. Los participantes asignados al agua habían perdido 3,7 kilogramos.
Pero esa diferencia de 1,1 kilos no fue estadísticamente significativa al cabo de las 104 semanas. En términos de pérdida de peso a largo plazo, las dos alternativas fueron consideradas equivalentes.
Casi 500 personas participaron en el experimento
Los investigadores reclutaron a 493 adultos con un IMC de entre 27 y 35 que consumían habitualmente bebidas frías.
Después los dividieron aleatoriamente en dos grupos: 246 fueron asignados al agua y 247 a bebidas con edulcorantes no nutritivos.
Durante las primeras 12 semanas participaron en reuniones semanales destinadas a perder peso. Después comenzó una etapa de mantenimiento con reuniones mensuales hasta completar el primer año.
Entonces llegó una parte especialmente interesante del experimento: durante otras 52 semanas los participantes continuaron sin ese acompañamiento, hasta alcanzar las 104 semanas totales.
De los participantes originales, 220 completaron esta extensión final.

Las bebidas sin azúcar no provocaron un mayor aumento de peso
Al finalizar los dos años, el grupo del agua mantenía una pérdida promedio de 3,7 kilos, frente a los 4,8 kilos del grupo de bebidas sin azúcar.
El resultado contradice una preocupación frecuente alrededor de los edulcorantes: que su consumo pueda dificultar el control del peso debido a posibles efectos sobre el apetito.
Pero el experimento tampoco demuestra que las bebidas dietéticas hagan adelgazar.
Todos los participantes formaban parte de un programa conductual de control del peso y el estudio comparó exclusivamente bebidas sin azúcar con agua. No las comparó con refrescos azucarados ni evaluó qué ocurriría si una persona simplemente añadiera bebidas dietéticas a su alimentación habitual.
Durante el primer año ocurrió algo diferente
El experimento también deja un detalle interesante.
Los resultados publicados anteriormente, correspondientes a las primeras 52 semanas, mostraron una pérdida media de 7,5 kilos con las bebidas sin azúcar y 6,1 kilos con agua. Esa diferencia sí alcanzó significación estadística, aunque los investigadores señalaron que no era clínicamente significativa.
Un año después, cuando desapareció el acompañamiento intensivo, ambos grupos recuperaron parte del peso y aquella diferencia dejó de ser significativa.
Eso convierte al seguimiento prolongado en una parte especialmente relevante del trabajo.

Hay una limitación que conviene conocer
El estudio proporciona evidencia procedente de un ensayo aleatorizado, pero eso no significa que cierre definitivamente el debate sobre los edulcorantes.
Solo 220 de los 493 participantes originales completaron la extensión hasta las 104 semanas, y los resultados corresponden a personas con sobrepeso u obesidad integradas inicialmente en un programa estructurado de control del peso.
Además, el proyecto recibió financiación de la American Beverage Association, la asociación comercial que representa a la industria estadounidense de bebidas. Esto no invalida automáticamente los resultados, pero constituye un posible conflicto de interés que debe considerarse al interpretar el trabajo.
Lo que sí muestra este experimento es bastante concreto: dentro de un programa para perder peso, elegir una bebida sin azúcar en lugar de agua no produjo una diferencia significativa en el peso corporal después de dos años.
Para quienes sustituyen una bebida azucarada por su equivalente sin azúcar, el resultado aporta una pieza más a un debate que está lejos de ser tan sencillo como “agua buena, edulcorantes malos”.
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