Eliminar completamente el estrés parece, a primera vista, un objetivo saludable. Después de todo, sabemos que una exposición intensa y prolongada puede afectar tanto al cuerpo como a la salud mental.

Pero no todo el estrés es igual. Una discusión ocasional, resolver un problema inesperado o enfrentar una pequeña dificultad laboral también forma parte de una vida activa.

Una investigación basada en datos del estudio estadounidense Midlife in the United States (MIDUS) encontró algo sorprendente: quienes pasaron ocho días sin reportar ningún estresor cotidiano se sentían mejor y tenían menos enfermedades crónicas, pero obtuvieron resultados inferiores en pruebas cognitivas.

La explicación, según los investigadores, podría no estar en el estrés en sí, sino en todo lo que hacemos para encontrarnos con él.

Vivir sin estrés parece ideal, pero un estudio encontró una consecuencia inesperada
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Una de cada diez personas no reportó ningún estrés durante ocho días

El estudio analizó datos de más de 2.800 adultos de entre 25 y 75 años.

Durante ocho días consecutivos, los participantes informaron si habían experimentado situaciones como discusiones, problemas laborales, dificultades en casa o acontecimientos que afectaran a personas cercanas.

Aproximadamente el 10 % no reportó ningún estresor durante todo el período.

A primera vista, estas personas parecían encontrarse en una situación envidiable: informaron mayor bienestar emocional diario y menos enfermedades crónicas.

Pero apareció una diferencia inesperada.

Quienes no habían experimentado estresores obtuvieron resultados inferiores en las pruebas de funcionamiento cognitivo. La diferencia estadística encontrada por los investigadores era comparable a la asociación observada con algo más de ocho años de diferencia de edad dentro de su modelo.

Esto no significa que ocho días tranquilos envejezcan el cerebro ocho años. Se trata de una comparación estadística entre grupos, no de una relación causal.

El verdadero motivo podría estar en las relaciones sociales

Cuando los investigadores observaron cómo vivían ambos grupos, encontraron otra pista.

Las personas que no reportaban estrés tendían a ser mayores, hombres, solteras y con menor nivel educativo. También trabajaban menos, realizaban menos actividades de voluntariado y ofrecían o recibían apoyo emocional con menor frecuencia.

Además, experimentaban menos acontecimientos positivos cotidianos.

Esto llevó a los investigadores a plantear una posibilidad interesante: algunos pequeños estresores podrían ser simplemente el precio inevitable de mantener una vida activa.

Trabajar implica resolver problemas. Tener amigos y familiares puede provocar desacuerdos. Ayudar a otra persona puede generar preocupaciones. Y enfrentarse a esos pequeños desafíos obliga al cerebro a recordar, decidir, comunicarse y buscar soluciones.

En otras palabras, el estrés podría estar funcionando aquí como un indicador indirecto de actividad social y cognitiva, en lugar de ser el responsable de un mejor rendimiento mental.

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Esto no significa que necesitemos buscar estrés

Los resultados tampoco convierten al estrés en algo saludable por definición.

El estudio fue observacional, por lo que no permite afirmar que pequeños niveles de estrés mejoren directamente el cerebro. Incluso existe otra posibilidad: las personas con menor rendimiento cognitivo podrían realizar menos actividades, recordar menos acontecimientos estresantes o interpretarlos de manera diferente. Los propios investigadores reconocen estas alternativas.

Además, hay una diferencia fundamental entre enfrentarse ocasionalmente a un inconveniente y vivir sometido a estrés crónico.

Lo interesante del estudio es otra cosa: una vida completamente libre de problemas no necesariamente equivale a una vida más activa, conectada o cognitivamente estimulante.

Quizá el objetivo, entonces, no sea eliminar cualquier pequeña tensión de nuestra vida. El desafío está en evitar que el estrés se vuelva crónico mientras seguimos manteniendo aquello que inevitablemente trae algunos problemas consigo: trabajar, relacionarnos, aprender cosas nuevas y permanecer conectados con otras personas.

Fuente: Infoabe.

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