Normalmente pensamos que los planetas nacen junto con sus estrellas. Pero un extraño sistema situado a unos 270 años luz podría demostrar que algunos mundos tienen una segunda oportunidad para formarse después de que su estrella prácticamente haya muerto.
Astrónomos liderados por investigadores de la Universidad de Warwick, en Reino Unido, encontraron evidencias de un posible planeta de “segunda generación” alrededor de la enana blanca HS 0209+0832.
El estudio, publicado en Nature Astronomy, propone que este mundo pudo formarse con material expulsado por la propia estrella durante las etapas finales de su evolución.

Una extraña huella química reveló el planeta
Las enanas blancas son los núcleos que quedan después de que estrellas de masa relativamente baja, como nuestro Sol, agotan su combustible y expulsan sus capas exteriores.
Los investigadores volvieron a analizar observaciones realizadas por el telescopio espacial Hubble en 1999. En aquellos datos existían alrededor de un centenar de características químicas que no habían podido ser identificadas.
Con información atómica más actualizada, el equipo consiguió reconocer numerosas señales correspondientes al cobre y, especialmente, al niobio.
La atmósfera de HS 0209+0832 presenta una abundancia de niobio superior en más de tres órdenes de magnitud a la del Sol, además de cantidades inusuales de zinc, cobre y níquel. Al mismo tiempo, prácticamente carece de hierro y contiene muy poco silicio, dos elementos habituales en los planetas rocosos.
La composición apunta hacia el denominado proceso s, mediante el cual estrellas evolucionadas producen determinados elementos pesados mediante capturas lentas de neutrones.
Para los investigadores, esta combinación sería difícil de explicar si el material procediera de un planeta convencional formado al mismo tiempo que la estrella.
Un mundo construido con las cenizas de su estrella
La hipótesis es extraordinaria: cuando la estrella progenitora atravesó sus últimas etapas, expulsó enormes cantidades de materia enriquecida químicamente.
Parte de ese material podría haber quedado formando un disco alrededor de la futura enana blanca. Dentro de ese disco habría nacido posteriormente un nuevo planeta.
Es, literalmente, una segunda generación planetaria.
Los investigadores consideran que una estrella compañera podría haber contribuido a retener y reorganizar el material expulsado, aunque todavía existen diferentes escenarios posibles para explicar cómo pudo formarse el objeto.
TESS encontró otra pista cada 4,4 días
El equipo también examinó observaciones del telescopio espacial TESS y encontró una variación periódica en el brillo cada 4,399 días.
Una de las explicaciones propuestas es la presencia de un planeta gigante extremadamente próximo a la enana blanca. Debido a la intensa radiación que recibe, estaría perdiendo parte de su atmósfera.
Ese material escaparía del planeta y terminaría cayendo sobre la enana blanca, permitiendo que instrumentos como Hubble detecten su particular composición química. Sin embargo, los propios investigadores contemplan otras explicaciones para la señal observada, por lo que todavía se habla de un planeta candidato.
El hallazgo cambia una idea aparentemente sencilla sobre los sistemas planetarios: la muerte de una estrella no necesariamente representa el final de la formación de planetas.
En determinadas circunstancias, los restos expulsados por una estrella moribunda podrían convertirse en la materia prima de nuevos mundos.
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