Sagitario A*, el agujero negro supermasivo situado en el centro de la Vía Láctea, contiene una masa equivalente a unos cuatro millones de soles. Aun así, comparado con otros agujeros negros activos del universo, se comporta de manera relativamente tranquila. No devora grandes cantidades de materia de forma violenta, sino que parece alimentarse poco a poco del gas y el polvo que circulan por el centro galáctico.
Una posible fuente de alimento cósmico
Una nueva hipótesis apunta a IRS 16SW, un sistema binario masivo que orbita cerca de Sagitario A*. Sus dos estrellas expulsan potentes vientos estelares, corrientes de gas lanzadas a gran velocidad desde sus atmósferas. Al interactuar entre sí y con el entorno del centro galáctico, esos vientos podrían formar cúmulos compactos de gas.
Estos cúmulos se conocen como nubes G. En los últimos años, los astrónomos detectaron varias de estas pequeñas nubes cerca de Sagitario A*. Algunas parecen compartir trayectorias similares, lo que sugiere que podrían pertenecer a un mismo flujo y tener un origen común.
Según el estudio publicado en Astronomy & Astrophysics, IRS 16SW sería uno de los candidatos principales para generar esas nubes. Una vez que los cúmulos escapan de la influencia directa del sistema binario, pueden desplazarse por el entorno caótico del centro galáctico y acabar alimentando al agujero negro.
Por qué el gas no cae de inmediato
El proceso no es directo ni simple. Cerca de Sagitario A* hay estrellas masivas, polvo, gas ionizado, nubes moleculares y campos gravitatorios intensos que alteran continuamente las órbitas. Por eso, las nubes producidas por IRS 16SW no caen inmediatamente al agujero negro.
Las simulaciones indican que pueden estirarse por las fuerzas de marea, perder energía orbital poco a poco y sobrevivir durante bastante tiempo antes de acercarse a las regiones internas. Este comportamiento sugiere una forma de alimentación discreta e intermitente, muy distinta de los grandes eventos catastróficos, como la destrucción de una estrella.
De acuerdo con los modelos, para sostener la débil actividad actual de Sagitario A* bastaría con un aporte aproximado de una masa terrestre de gas cada década. Es una cantidad pequeña en términos astronómicos, pero suficiente para mantener el brillo observado.
Un laboratorio para entender agujeros negros tranquilos
El hallazgo refuerza la idea de que Sagitario A* no está aislado, sino integrado en un ecosistema dinámico. Las estrellas cercanas expulsan gas y polvo; el agujero negro modifica las trayectorias de ese material; y parte de esas nubes termina cayendo lentamente hacia el centro.
Las observaciones infrarrojas de alta resolución y las simulaciones numéricas realizadas por el equipo del Max Planck Institute for Extraterrestrial Physics coinciden con datos independientes del telescopio James Webb, que muestran a Sagitario A* en reposo, pero rodeado de estructuras rápidas de gas y polvo ionizado.
IRS 16SW podría convertirse así en un laboratorio natural para estudiar cómo un agujero negro aparentemente silencioso continúa alimentándose sin grandes explosiones visibles. Futuras observaciones con instrumentos como GRAVITY+, ERIS, ALMA y el Telescopio Extremadamente Grande permitirán seguir las órbitas de estas nubes, medir su composición y calcular cuánto material llega realmente al corazón de la Vía Láctea.
🔬 ¿Te fascina la ciencia? Suscribite a nuestro canal de YouTube para contenido científico que te va a volar la cabeza.
▶ Suscribirme




