¿Por qué el español, el inglés o el japonés suenan tan diferentes? Aunque normalmente atribuimos estas diferencias a la cultura, la historia y la evolución de las sociedades, un nuevo estudio científico plantea que parte de la explicación podría encontrarse dentro de nuestra propia boca.

Investigadores de las universidades de Neuchâtel y Zúrich, en Suiza, descubrieron que pequeñas variaciones en la forma del paladar, la lengua y la garganta dejan huellas medibles en los sonidos que producimos.

El estudio, publicado el 13 de octubre de 2026 en la revista PLOS Biology, sugiere que estas diferencias físicas podrían contribuir a la diversidad de sonidos que encontramos entre los idiomas actuales.

La forma de nuestra boca influye en cómo pronunciamos las palabras

Aunque todos utilizamos estructuras anatómicas similares para hablar, ninguna persona tiene exactamente el mismo tracto vocal.

El tamaño de la boca, la curvatura del paladar, la posición de la lengua y la forma de la garganta pueden variar considerablemente entre individuos.

Para investigar cómo influyen estas diferencias, los científicos analizaron imágenes de resonancia magnética de 32 personas mientras pronunciaban cinco vocales.

En total, estudiaron 3.210 imágenes y examinaron 95 puntos anatómicos para observar cómo se movían las estructuras relacionadas con el habla.

Los resultados mostraron algo sorprendente: dos personas pueden producir vocales prácticamente idénticas utilizando movimientos de lengua y mandíbula muy diferentes.

Esto ocurre porque nuestro cerebro adapta los movimientos musculares a las características físicas de cada individuo.

Sin embargo, esa compensación no es perfecta y deja pequeñas diferencias acústicas que pueden identificarse mediante análisis especializados.

Las diferencias anatómicas podrían influir en la evolución de los idiomas

Los investigadores observaron que las personas con paladares más cortos y redondeados tienden a adoptar posiciones de lengua diferentes de aquellas con paladares largos y planos.

Estas variaciones modifican ligeramente las frecuencias de resonancia de las vocales, lo que influye en cómo las percibimos.

Para comprobar si el fenómeno también aparecía entre idiomas, el equipo analizó 19.335 registros de vocales correspondientes a 3.867 hablantes de diez lenguas.

Entre ellas se encontraban el italiano, el portugués, el ruso, el turco y el vietnamita.

Los resultados revelaron que ciertos patrones de variación acústica entre individuos también aparecían al comparar diferentes idiomas.

Esto sugiere que algunas diferencias en la pronunciación podrían surgir inicialmente de variaciones anatómicas individuales y, posteriormente, transmitirse o modificarse a través de generaciones.

La cultura sigue siendo fundamental para explicar cómo hablamos

El descubrimiento no significa que nuestra anatomía determine qué idioma hablamos ni que exista una relación directa entre las características físicas de una población y su lengua.

Los investigadores proponen un modelo biocultural en el que las diferencias anatómicas proporcionan una fuente inicial de variación, mientras que el aprendizaje, las migraciones y el contacto entre comunidades influyen en su evolución.

Por ejemplo, dos idiomas sin un origen común pueden terminar compartiendo características fonéticas debido a siglos de convivencia entre sus hablantes.

El estudio también presenta limitaciones, ya que las resonancias magnéticas se realizaron únicamente con hablantes de inglés estadounidense y todavía será necesario ampliar las muestras.

Aun así, la investigación abre una perspectiva para comprender el origen de la diversidad lingüística.

La conclusión es que los sonidos de los idiomas no dependen exclusivamente de la historia y la cultura: la estructura física de nuestro aparato vocal también podría haber contribuido a moldearlos.

Fuente: Infobae.

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