Los parásitos intestinales son mucho más comunes de lo que solemos imaginar. Algunos microorganismos pueden permanecer durante años dentro del organismo sin provocar síntomas evidentes y, en determinadas regiones con problemas de saneamiento, su presencia alcanza porcentajes muy elevados de la población.

Pero existe una infección parasitaria especialmente inquietante porque no se limita al intestino.

Se trata de la neurocisticercosis, una enfermedad provocada por las larvas de Taenia solium, conocida popularmente como la tenia o solitaria del cerdo. Cuando esas larvas alcanzan el cerebro o el sistema nervioso central pueden formar pequeños quistes y provocar convulsiones, dolores de cabeza, hidrocefalia y otros problemas neurológicos.

No todos los parásitos intestinales terminan en el cerebro

Aquí aparece una distinción importante.

Uno de los microorganismos intestinales más frecuentes es Blastocystis, un organismo unicelular que puede encontrarse tanto en humanos como en animales.

Su presencia varía enormemente según la región. Revisiones científicas han encontrado prevalencias inferiores al 10% en algunas poblaciones y superiores al 30% o 60% en otras, especialmente donde existen problemas de higiene y saneamiento. Algunos estudios latinoamericanos han documentado porcentajes todavía mayores en comunidades concretas.

Muchas personas que albergan Blastocystis no desarrollan síntomas y todavía existe debate científico sobre cuándo este organismo provoca realmente enfermedad.

Pero Blastocystis no es el responsable de la neurocisticercosis.

El parásito capaz de llegar al cerebro es Taenia solium.

Millones de personas pueden tener un parásito oculto en el cerebro sin saberlo: así llega hasta allí
ChamoGutiérrez
– Youtube.

Cómo llega una tenia hasta el cerebro

Existe además una confusión muy frecuente: la neurocisticercosis no se contrae simplemente por comer carne de cerdo poco cocida.

Comer cerdo que contiene larvas de Taenia solium puede producir una infección intestinal por la tenia adulta, conocida como teniasis.

La cisticercosis ocurre de otra manera: una persona debe ingerir huevos del parásito, generalmente a través de alimentos, agua o manos contaminadas con materia fecal procedente de una persona portadora de la tenia.

Una vez dentro del intestino, los huevos liberan larvas que atraviesan la pared intestinal, llegan al torrente sanguíneo y pueden desplazarse hacia músculos, ojos, piel o cerebro.

Cuando llegan al sistema nervioso central aparece la neurocisticercosis.

Puede permanecer silenciosa durante años

Una de las características más desconcertantes de esta infección es que los síntomas pueden tardar meses o incluso años en aparecer.

En ocasiones los problemas comienzan cuando los quistes empiezan a degenerarse y el sistema inmunitario genera inflamación alrededor de ellos.

Las convulsiones y los dolores de cabeza están entre las manifestaciones más habituales, aunque también pueden aparecer problemas de equilibrio, confusión, alteraciones neurológicas e hidrocefalia.

La gravedad depende de cuántos quistes existan, dónde estén localizados y en qué etapa se encuentren.

Una causa importante de epilepsia

El impacto es especialmente grande en regiones de América Latina, África subsahariana y Asia donde existen problemas de saneamiento y los cerdos tienen acceso a zonas contaminadas con heces humanas.

Según la Organización Mundial de la Salud, Taenia solium está relacionada con aproximadamente el 30% de los casos de epilepsia en muchas regiones donde el parásito es endémico. En algunas comunidades de alto riesgo, la proporción puede ser todavía mayor.

La enfermedad puede diagnosticarse mediante tomografía computarizada, resonancia magnética y diferentes pruebas complementarias.

El tratamiento depende del tipo de neurocisticercosis y puede incluir antiparasitarios, corticoides para controlar la inflamación, medicamentos anticonvulsivos e incluso cirugía en determinadas situaciones.

Una infección que en gran medida puede prevenirse

La clave para detener el ciclo de Taenia solium está principalmente en el saneamiento.

El acceso a baños adecuados, el lavado de manos, evitar la contaminación fecal de alimentos y agua, diagnosticar y tratar a las personas que portan la tenia adulta y mejorar el manejo sanitario de los cerdos son medidas esenciales.

La neurocisticercosis puede parecer una enfermedad extraordinaria, pero continúa afectando a millones de personas.

Y quizá lo más sorprendente es que el problema no comienza en el cerebro: comienza con unos huevos microscópicos que encuentran la oportunidad de pasar de una persona a otra.

Fuente: Infobae.

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