Una inspección en el Aeropuerto Internacional Mariscal Sucre de Quito terminó con un hallazgo especialmente preocupante para la conservación de Galápagos: 32 iguanas marinas vivas escondidas dentro del equipaje de una pasajera.
Los ejemplares pertenecen a Amblyrhynchus cristatus, una especie endémica del archipiélago ecuatoriano, lo que significa que no existe de manera natural en ningún otro lugar del planeta. Cuando fueron recuperadas, presentaban signos de debilidad y deshidratación, por lo que veterinarios las evaluaron antes de trasladarlas a un centro de conservación autorizado en la provincia de Pichincha.
Ocho recipientes escondidos dentro de una maleta
La mujer detenida, de nacionalidad rusa, transportaba los reptiles repartidos en ocho contenedores, con cuatro animales en cada uno. Las primeras informaciones de las autoridades señalaron que pretendía abandonar Ecuador con destino a Islandia.
Inicialmente algunas comunicaciones mencionaron 28 ejemplares, pero el Ministerio de Ambiente y Energía terminó confirmando que eran 32 iguanas marinas las vinculadas con el caso.
La Justicia ecuatoriana posteriormente ordenó prisión preventiva para la sospechosa, procesada por un presunto delito contra la flora y fauna silvestres. La investigación intenta ahora reconstruir cómo los animales pudieron abandonar Galápagos y llegar hasta Quito antes de ser detectados en el aeropuerto.

Una especie que no existe en ningún otro lugar
Las iguanas marinas son uno de los animales más característicos de Galápagos y poseen adaptaciones extraordinarias para sobrevivir en un entorno prácticamente único.
Son los únicos lagartos actuales capaces de alimentarse regularmente en el mar, donde bucean para consumir principalmente algas. Después regresan a las costas volcánicas para recuperar temperatura corporal bajo el Sol y expulsan el exceso de sal mediante glándulas especializadas situadas cerca de sus fosas nasales.
La especie está clasificada como Vulnerable en la Lista Roja de la UICN y se encuentra además incluida en el Apéndice II de CITES, que regula su comercio internacional.
Su distribución natural se limita a aproximadamente 275 kilómetros cuadrados de zonas costeras de Galápagos, aunque existen poblaciones en la mayoría de las principales islas e islotes del archipiélago.
El tráfico de iguanas no es un problema nuevo
El caso preocupa especialmente porque no sería un episodio completamente aislado.
CITES ya había advertido sobre movimientos internacionales sospechosos de iguanas marinas. Aunque Ecuador no registró exportaciones legales de ejemplares vivos desde 1975, la base internacional de comercio llegó a registrar animales supuestamente “criados en cautiverio” procedentes de países donde la especie ni siquiera vive naturalmente.
En Ecuador también existen antecedentes de decomisos de iguanas y tortugas de Galápagos transportadas ilegalmente, algunos de los cuales terminaron con condenas de prisión.
El próximo objetivo es devolverlas a Galápagos
Por ahora, la prioridad es estabilizar a las 32 iguanas y mantenerlas bajo observación veterinaria.
El Ministerio de Ambiente espera la autorización correspondiente de la Fiscalía para organizar un traslado seguro de regreso al archipiélago, situado aproximadamente a 1.000 kilómetros de la costa continental ecuatoriana.
El caso deja además una pregunta que va más allá de la mujer detenida: cómo pudieron salir 32 animales protegidos de unas islas sometidas a estrictos controles antes de terminar dentro de una maleta en Quito.
Precisamente esa ruta es ahora una de las piezas centrales de la investigación.
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