Para millones de personas, mandar al perro o al gato a otra habitación antes de dormir ni siquiera es una opción. Las mascotas forman parte de la rutina nocturna y su presencia puede transmitir calma, seguridad y compañía.

Pero una cosa es que resulte agradable y otra que permita dormir mejor.

La evidencia científica disponible dibuja una situación bastante más compleja: tener una mascota en el dormitorio puede ser perfectamente compatible con un buen descanso, pero compartir literalmente el colchón aumenta las posibilidades de movimientos y despertares durante la noche.

Tener al perro en la habitación no es lo mismo que tenerlo en la cama

Uno de los trabajos más conocidos fue realizado por investigadores de Mayo Clinic.

En un estudio mediante actigrafía, los científicos monitorizaron durante siete noches a adultos y sus perros. Los participantes mantuvieron, en términos generales, una buena eficiencia del sueño cuando el animal permanecía dentro del dormitorio. Sin embargo, la eficiencia era menor cuando el perro dormía sobre la cama que cuando simplemente estaba en la misma habitación.

El detalle es importante porque muchas veces ambas situaciones se mezclan.

Otro trabajo anterior de Mayo Clinic entrevistó a 150 pacientes de un centro del sueño. De los que tenían mascotas, un 56% permitía que durmieran en el dormitorio, pero solo un 20% describió al animal como disruptivo; un 41% incluso consideraba que su presencia era neutral o beneficiosa.

Es decir, la percepción subjetiva puede ser positiva aunque el animal se mueva durante la noche.

Dormir con perros o gatos puede dar calma, pero la ciencia encontró un problema: compartir la cama no siempre ayuda al sueño
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Estudios más recientes encuentran más insomnio entre quienes comparten cama

No todos los resultados son tranquilizadores.

Un estudio publicado en 2024 encontró que las personas que compartían el espacio de sueño con sus mascotas reportaban, en promedio, peor calidad del sueño y mayor gravedad de síntomas de insomnio. Los autores también observaron que los participantes no siempre percibían hasta qué punto sus animales podían estar afectando su descanso.

Eso tampoco demuestra que la mascota sea necesariamente la causa. Este tipo de investigaciones observacionales puede estar influido por múltiples factores, desde el estrés del propietario hasta las características del animal.

Y perros y gatos tampoco se comportan igual: tamaño, movimientos, ladridos, maullidos y horarios de actividad pueden cambiar completamente la experiencia.

Acariciar una mascota sí puede reducir el estrés

Hay una razón por la que muchas personas sienten que duermen más tranquilas acompañadas.

Investigadores de la Universidad Estatal de Washington demostraron que solo diez minutos de interacción y contacto físico con perros y gatos podían reducir significativamente el cortisol en estudiantes sometidos a estrés.

Pero aquí también conviene separar dos cosas: el estudio demuestra un efecto del contacto con animales sobre el estrés, no que dormir ocho horas con ellos produzca necesariamente el mismo beneficio.

La sensación de tranquilidad es real para muchas personas; convertirla automáticamente en una mejora objetiva del sueño sería ir más allá de lo que muestran los datos.

¿Y las bacterias y los parásitos?

El otro gran debate es sanitario.

Perros y gatos pueden transportar microorganismos, pulgas y parásitos capaces de transmitirse a humanos. Sin embargo, una revisión publicada por los CDC señala que las infecciones zoonóticas adquiridas específicamente por dormir con una mascota son poco frecuentes, especialmente cuando el animal está sano.

El riesgo no es cero. Se han documentado infecciones relacionadas con contacto muy estrecho, lamidos y animales que compartían la cama. Por eso las precauciones son especialmente importantes en personas inmunodeprimidas, niños pequeños y quienes tengan heridas abiertas.

Mantener controles veterinarios, vacunación y desparasitación según indicación profesional, controlar pulgas y garrapatas y lavar regularmente la ropa de cama reduce considerablemente la exposición.

Entonces, ¿es bueno o malo?

No existe una respuesta universal.

Si la mascota está sana, no produce alergias y su presencia no provoca despertares, tenerla en el dormitorio puede ser compatible con un sueño perfectamente saludable. Si se mueve constantemente, ocupa demasiado espacio o interrumpe el descanso, la evidencia sugiere una solución intermedia bastante sencilla: que duerma cerca, pero en su propia cama.

Porque la ciencia no parece decir que haya que expulsar al perro o al gato del dormitorio. Lo que sí diferencia claramente es dormir acompañado de una mascota y dormir literalmente encima de ella.

Fuente: Infobae.

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