El router está encendido prácticamente las 24 horas. Está en casas, hospitales, colegios, oficinas y aeropuertos y transmite continuamente señales electromagnéticas que atraviesan paredes y llegan hasta nuestros teléfonos.

Es fácil entender que aparezca una pregunta: ¿qué le hace al cuerpo estar expuesto durante años a estas ondas?

La respuesta científica disponible es bastante tranquilizadora. La Agencia de Seguridad Sanitaria del Reino Unido (UKHSA) sostiene que no existe evidencia consistente de que las señales procedentes de dispositivos WiFi causen efectos adversos en la salud de la población general.

El WiFi emite radiación, pero no toda radiación es igual

El WiFi transmite información mediante ondas de radiofrecuencia, principalmente alrededor de 2,4, 5 y 6 GHz. Son ondas electromagnéticas, pero pertenecen al grupo de las llamadas radiaciones no ionizantes.

Esta diferencia es fundamental.

Radiaciones ionizantes como los rayos X poseen suficiente energía para ionizar átomos y pueden dañar directamente estructuras celulares. Las radiofrecuencias utilizadas por WiFi no funcionan de esa manera.

El efecto bien establecido de una exposición suficientemente intensa a radiofrecuencia es el calentamiento de los tejidos. La OMS señala que ese aumento relevante de temperatura aparece con intensidades muy superiores a las habituales en redes inalámbricas. En las exposiciones procedentes de redes locales, el calentamiento es insignificante.

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Un router suele emitir mucha menos potencia de lo que imaginamos

Según UKHSA, tanto routers como dispositivos WiFi suelen transmitir con potencias del orden de 0,1 vatios —100 milivatios—, y la exposición disminuye rápidamente conforme aumenta la distancia.

Las mediciones realizadas en redes inalámbricas encontraron exposiciones pequeñas respecto de los límites recomendados por la International Commission on Non-Ionizing Radiation Protection (ICNIRP). Además, en condiciones normales, la exposición procedente del WiFi suele ser inferior a la producida por un teléfono móvil durante una llamada, en parte porque el teléfono está directamente junto al cuerpo.

Las actuales directrices de ICNIRP abarcan frecuencias desde 100 kHz hasta 300 GHz e incluyen expresamente tecnologías como WiFi, Bluetooth, teléfonos móviles y 5G.

¿Y el cáncer, el insomnio o los problemas de fertilidad?

Aquí es donde las redes sociales suelen mezclar investigaciones preliminares con conclusiones mucho más contundentes de lo que permiten los datos.

ICNIRP señala que se han realizado numerosos estudios sobre exposición aguda y prolongada a radiofrecuencias sin encontrar evidencia concluyente de efectos adversos por debajo de los niveles capaces de producir calentamiento dañino. También se han estudiado dolores de cabeza, concentración, sueño, función cognitiva y efectos cardiovasculares sin encontrar una relación consistente.

La OMS llega a una conclusión semejante para redes inalámbricas y estaciones base: con los niveles habituales de exposición, no se han demostrado efectos adversos a corto o largo plazo.

Eso no significa que la investigación haya terminado. Las radiofrecuencias continúan estudiándose y las recomendaciones pueden actualizarse si aparece nueva evidencia sólida.

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La “electrosensibilidad” plantea otro problema

Algunas personas experimentan síntomas como cansancio, dolores de cabeza, mareos, dificultades para concentrarse o alteraciones del sueño y los atribuyen a campos electromagnéticos.

La OMS reconoce que los síntomas y el sufrimiento son reales, pero señala que los estudios controlados no han conseguido establecer de forma consistente que sean causados por la exposición electromagnética.

Por eso, los síntomas merecen evaluación médica, aunque asumir automáticamente que el router es su causa puede impedir buscar otras explicaciones.

Apagar el WiFi por la noche es una elección, no una necesidad médica

Alejar el router de la cama, apagarlo cuando no se utiliza o conectarse mediante Ethernet reduce la exposición, evidentemente. Pero las autoridades sanitarias no consideran que estas medidas sean necesarias para proteger la salud cuando los equipos funcionan dentro de los límites establecidos. UKHSA afirma que no ve razones para recomendar reducciones adicionales de exposición al WiFi.

Después de décadas rodeados de redes inalámbricas, la evidencia disponible no muestra que el WiFi doméstico sea el peligro invisible que algunas publicaciones sugieren.

El router emite radiación. Lo importante es qué radiación, con qué potencia y en qué cantidad: y ahí es donde la palabra “radiación” deja de sonar tan alarmante.

Fuente: Futura-Science.

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