Después de casi ocho años recorriendo el Sistema Solar interior, BepiColombo está a punto de comenzar la etapa más compleja de su viaje hacia Mercurio. La misión conjunta de la Agencia Espacial Europea (ESA) y la agencia japonesa JAXA afrontará el 3 de septiembre de 2026 una maniobra clave: la separación del Mercury Transfer Module (MTM), el módulo que ha proporcionado propulsión y energía durante buena parte del trayecto interplanetario.
A partir de ese momento, los dos orbitadores científicos continuarán unidos, pero ya no contarán con el módulo que los acompañó desde su lanzamiento en 2018. El conjunto seguirá aproximándose a Mercurio utilizando el sistema de propulsión del Mercury Planetary Orbiter (MPO), en una fase que se prolongará durante varios meses y que requerirá una sucesión de maniobras cuidadosamente calculadas.
Una llegada que durará varios meses
A diferencia de otras misiones espaciales, BepiColombo no llegará a Mercurio mediante una única maniobra de inserción orbital, sino a través de una secuencia progresiva en la que cada etapa deberá completarse correctamente antes de avanzar a la siguiente.
Tras la separación del MTM, el MPO europeo y el orbitador japonés Mio seguirán viajando juntos mientras ajustan lentamente su trayectoria. Si todo ocurre según lo previsto, en noviembre comenzará la inserción definitiva alrededor de Mercurio, uno de los momentos más delicados de toda la misión porque implicará utilizar sistemas de propulsión que todavía no han sido empleados de esta manera durante el vuelo.
La siguiente gran maniobra llegará en diciembre, cuando ambos orbitadores se separen.
Mio quedará situado en una órbita polar elíptica desde la que podrá estudiar la magnetosfera del planeta, mientras que el MPO continuará modificando su trayectoria hasta alcanzar su órbita científica definitiva en marzo de 2027.
Una vez completado todo este proceso, los dos satélites comenzarán las observaciones científicas regulares en abril de 2027, trabajando de manera simultánea pero desde posiciones diferentes alrededor de Mercurio.
Llegar a Mercurio es mucho más difícil de lo que parece
Aunque Mercurio se encuentra mucho más cerca de la Tierra que los planetas gigantes exteriores, llegar hasta él y permanecer en órbita resulta sorprendentemente complicado. La razón principal es la enorme gravedad del Sol, que acelera cualquier nave que se dirige hacia las regiones interiores del Sistema Solar.
Para entrar en órbita alrededor de Mercurio, una nave necesita reducir considerablemente su velocidad relativa al planeta, algo que exigiría enormes cantidades de combustible si se intentara mediante una trayectoria directa.
Por este motivo, desde su lanzamiento el 20 de octubre de 2018, BepiColombo ha realizado un largo recorrido que incluyó nueve sobrevuelos planetarios: uno de la Tierra, dos de Venus y seis del propio Mercurio. Cada uno de estos encuentros gravitatorios permitió modificar progresivamente la velocidad y la dirección de la nave sin consumir grandes cantidades de combustible.
El resultado ha sido un viaje mucho más largo, pero también mucho más eficiente, que finalmente permitirá a la misión quedar atrapada por la gravedad de Mercurio.
Una nave preparada para sobrevivir cerca del Sol
El desafío no termina con la llegada. Mercurio se encuentra en uno de los ambientes más extremos del Sistema Solar, donde la radiación solar puede ser aproximadamente diez veces más intensa que la que recibe una nave cerca de la Tierra.
Además, la superficie del planeta puede superar los 450 °C durante el día, por lo que BepiColombo fue diseñada desde el principio con materiales especiales, aislamiento térmico y sistemas capaces de funcionar bajo una exposición solar extrema.
El diseño de la misión también explica por qué se utilizan dos orbitadores diferentes.
El MPO de la ESA se concentrará especialmente en estudiar la superficie, la composición, la estructura interna y el campo magnético del planeta, mientras que Mio, desarrollado por JAXA, analizará sobre todo la magnetosfera y la interacción entre Mercurio y el viento solar.
Al observar simultáneamente el planeta desde dos órbitas distintas, ambos satélites podrán reconstruir procesos que una única nave difícilmente podría estudiar por sí sola.
Los grandes misterios que todavía guarda Mercurio
Mercurio sigue siendo uno de los planetas menos explorados del Sistema Solar. Hasta ahora, únicamente las misiones Mariner 10 y Messenger, ambas de la NASA, lo han estudiado de cerca, y aunque aportaron una enorme cantidad de información, dejaron abiertas muchas preguntas.
Uno de los principales enigmas es su estructura interna.
Mercurio posee un núcleo metálico extraordinariamente grande en relación con su tamaño, y los científicos todavía intentan comprender por qué terminó formándose de esa manera.
BepiColombo también estudiará su campo magnético, su fina exosfera y los procesos que modifican constantemente la superficie. Además, analizará las regiones polares permanentemente en sombra, donde observaciones anteriores indican que podrían existir depósitos de hielo de agua, algo especialmente sorprendente en un planeta tan próximo al Sol.
La misión también permitirá realizar pruebas muy precisas de la teoría general de la relatividad de Einstein, ya que Mercurio se mueve dentro de uno de los campos gravitatorios más intensos accesibles para este tipo de experimentos dentro del Sistema Solar.
Por eso, el 3 de septiembre no será simplemente otra maniobra dentro de un viaje que comenzó hace ocho años. Será el comienzo de una larga secuencia que permitirá transformar una única nave interplanetaria en dos observatorios independientes alrededor de Mercurio y abrir una nueva etapa en la exploración del planeta más cercano al Sol.
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