Aunque un bebé recién nacido todavía no comprende las palabras ni puede seguir una historia, escuchar la voz de sus padres mientras le leen un cuento puede tener efectos positivos en su desarrollo.

La Academia Estadounidense de Pediatría recomienda incorporar la lectura compartida desde el nacimiento, incluso en bebés que permanecen hospitalizados en unidades de cuidados intensivos neonatales.

La razón es que esta actividad combina diferentes estímulos fundamentales durante los primeros años de vida: el lenguaje, la atención, la interacción social y el contacto afectivo.

Además, permite establecer rutinas que fortalecen la relación entre padres e hijos, creando momentos de cercanía y comunicación.

Los especialistas destacan que los beneficios no dependen de que el bebé entienda completamente la historia. La exposición a las palabras, los sonidos y las expresiones emocionales ya representa una experiencia valiosa.

Un estudio revela que leerles cuentos a los niños puede exponerlos a 1,4 millones de palabras adicionales
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Los niños que escuchan cuentos pueden incorporar millones de palabras adicionales

Uno de los principales beneficios de la lectura temprana está relacionado con el desarrollo del vocabulario.

Una investigación publicada en 2019 calculó que los niños cuyos padres les leen diariamente pueden escuchar aproximadamente 1,4 millones de palabras adicionales durante sus primeros cinco años de vida, en comparación con aquellos que nunca reciben lecturas.

Los investigadores denominaron a este fenómeno la brecha del millón de palabras.

Aunque se trata de una estimación basada en determinados hábitos de lectura, el resultado demuestra la enorme diferencia que puede producir la exposición frecuente a los libros.

Los cuentos también presentan palabras, estructuras gramaticales y expresiones que no suelen aparecer en las conversaciones cotidianas.

Esta diversidad lingüística ayuda a construir las bases necesarias para el aprendizaje posterior del lenguaje y la comprensión lectora.

Qué ocurre en el cerebro de los niños cuando escuchan historias

La neurociencia también ha investigado cómo responde el cerebro infantil a la lectura.

Un estudio realizado con resonancias magnéticas funcionales en niños de entre tres y cinco años encontró que aquellos que crecían en entornos con mayor presencia de libros y lectura compartida mostraban más actividad en determinadas regiones cerebrales mientras escuchaban cuentos.

Estas áreas participan en procesos como la comprensión del lenguaje, la integración de significados y la formación de imágenes mentales.

Sin embargo, los investigadores aclararon que estos resultados muestran una asociación y no demuestran que la lectura produzca directamente cambios permanentes en la estructura cerebral.

Aun así, los hallazgos respaldan la importancia de ofrecer experiencias lingüísticas enriquecedoras durante la infancia.

Un estudio revela que leerles cuentos a los niños puede exponerlos a 1,4 millones de palabras adicionales
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La clave no está solamente en leer, sino en interactuar

Una revisión de ensayos realizada en 2020, que reunió información de aproximadamente 2.600 niños de entre uno y seis años, encontró que la lectura compartida puede mejorar tanto el lenguaje expresivo como la comprensión verbal.

Los efectos fueron modestos, pero significativos.

Los especialistas explican que la calidad de la interacción resulta especialmente importante.

Señalar ilustraciones, imitar sonidos, nombrar objetos y permitir que el niño participe puede favorecer el aprendizaje más que una lectura completamente pasiva.

En los bebés más pequeños, observar imágenes, escuchar diferentes entonaciones y responder a gestos también constituye una forma de interacción.

Un hábito sencillo que puede acompañar toda la infancia

No es necesario dedicar largos períodos a esta actividad para comenzar a incorporarla.

Durante los primeros meses pueden utilizarse libros de tela, cartón o imágenes de alto contraste, adaptando progresivamente las historias al desarrollo del niño.

Lo importante es generar experiencias agradables y frecuentes, sin convertir la lectura en una obligación.

La evidencia científica sugiere que compartir cuentos desde edades tempranas puede contribuir al desarrollo del lenguaje y fortalecer el vínculo familiar.

Un hábito aparentemente sencillo que, repetido a lo largo de los años, puede convertirse en una herramienta valiosa para acompañar el crecimiento infantil.

Fuente: Xataka.

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