Que un niño duerma junto a sus padres puede responder a muchas razones: comodidad, lactancia, falta de espacio, costumbres culturales o simplemente la tranquilidad de tenerlo cerca durante la noche.

Sin embargo, el llamado colecho lleva años generando debate entre especialistas en sueño, pediatras y psicólogos.

Uno de los argumentos más repetidos sostiene que dormir habitualmente con los padres podría dificultar que algunos niños aprendan a conciliar nuevamente el sueño sin ayuda cuando se despiertan durante la noche.

Pero de ahí a afirmar que esos niños se convertirán en adultos dependientes existe una distancia importante.

La evidencia científica disponible no permite establecer una relación causal entre compartir la cama durante la infancia y desarrollar dependencia emocional en la adultez. Una amplia revisión sobre colecho encontró importantes limitaciones metodológicas entre los estudios disponibles y concluyó que todavía no existen pruebas suficientemente convincentes para realizar generalizaciones sobre sus consecuencias psicológicas a largo plazo.

Dormir con los padres puede influir en el sueño infantil, pero ¿realmente genera dependencia?
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Dormirse solo también es una habilidad

Los niños se despiertan varias veces durante la noche de manera natural.

La diferencia está en qué necesitan para volver a dormirse.

Cuando un niño se acostumbra a conciliar el sueño siempre acompañado de uno de sus padres, puede desarrollar una asociación de sueño, de modo que al despertarse busque reproducir las mismas condiciones que tenía cuando se durmió.

Eso puede traducirse en llamados frecuentes, resistencia a dormir solo o necesidad de presencia parental durante la noche.

Algunos estudios realizados con niños que mantienen un colecho persistente han encontrado mayor resistencia a la hora de acostarse, más ansiedad relacionada con el sueño y una duración nocturna algo menor.

Sin embargo, existe un problema: no siempre está claro qué ocurre primero.

Un niño con ansiedad, problemas para dormir o despertares frecuentes puede terminar durmiendo con sus padres precisamente como consecuencia de esas dificultades. Por eso, encontrar una asociación no significa necesariamente que el colecho sea la causa.

Compartir habitación no es lo mismo que compartir cama

Existe además una confusión habitual en torno al término colecho.

Dormir en la misma habitación pero en camas separadas no tiene las mismas implicancias que dormir sobre el mismo colchón.

La Academia Americana de Pediatría recomienda actualmente que los bebés duerman en la habitación de sus padres, pero sobre una superficie independiente diseñada para lactantes, como una cuna o moisés, idealmente durante al menos los primeros seis meses de vida.

Esta disposición puede disminuir hasta aproximadamente un 50% el riesgo de muerte súbita relacionada con el sueño.

Por el contrario, la AAP no recomienda compartir la misma cama con un bebé debido al riesgo de asfixia, atrapamiento y muerte relacionada con el sueño.

Dormir con los padres puede influir en el sueño infantil, pero ¿realmente genera dependencia?
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Qué ocurre después de los cuatro meses

Un estudio publicado en Pediatrics analizó los patrones de sueño de bebés que permanecían en la habitación de sus padres y los comparó con aquellos que habían pasado antes a su propio cuarto.

A los cuatro meses, los bebés que dormían solos presentaban períodos continuos de sueño aproximadamente 46 minutos más largos, aunque la duración total nocturna era similar.

A los nueve meses, quienes seguían compartiendo habitación dormían entre aproximadamente 14 y 40 minutos menos que quienes dormían de forma independiente.

Esto no significa que la recomendación médica sea trasladar automáticamente al bebé a otra habitación después de los cuatro meses. La propia AAP continúa considerando que el beneficio de seguridad de compartir habitación durante los primeros seis meses es prioritario.

El mayor riesgo aparece durante los primeros meses

Cuando se trata de bebés pequeños, la discusión deja de ser principalmente psicológica y pasa a ser una cuestión de seguridad.

Los menores de cuatro meses presentan una vulnerabilidad especialmente elevada cuando comparten una superficie de sueño con un adulto.

El riesgo aumenta todavía más si el adulto fuma, ha consumido alcohol o medicamentos sedantes, si el bebé nació prematuramente o con bajo peso o si hay almohadas, mantas y superficies blandas alrededor.

Por este motivo, la recomendación médica más extendida durante los primeros meses es sencilla: cerca de los padres, pero en una superficie propia.

¿Entonces el colecho vuelve dependientes a los niños?

La respuesta científica actual es: no podemos afirmarlo.

Existen investigaciones que encuentran asociaciones entre el colecho persistente y determinados problemas de sueño o conducta. Un estudio longitudinal realizado con más de 1.600 niños en China, por ejemplo, encontró asociaciones entre dormir acompañado durante la primera infancia y mayores problemas internalizantes y externalizantes años después.

Pero estos trabajos no demuestran que dormir con los padres sea el responsable directo de esas diferencias.

Factores como la cultura familiar, el temperamento del niño, la ansiedad, los problemas de sueño previos, las condiciones socioeconómicas y el estilo de crianza pueden influir simultáneamente.

La evidencia actual permite hablar de hábitos de sueño y autonomía para conciliarlo, pero no permite sostener que un niño que duerme con sus padres vaya a convertirse necesariamente en un adulto emocionalmente dependiente.

Como ocurre con muchos aspectos de la crianza, la relación resulta bastante más compleja que una cama compartida.

Fuente: Infobae.

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