Cerrar los ojos y tratar de “no pensar en nada” es probablemente una de las ideas más extendidas sobre la meditación, pero también una de las menos precisas. Meditar consiste, en gran medida, en darse cuenta de que la atención se ha desviado y volver deliberadamente al presente, un ejercicio que repetido durante semanas puede entrenar diferentes funciones del cerebro.
La ciencia lleva años intentando averiguar qué ocurre durante este proceso. Los resultados sugieren que la práctica involucra varias regiones cerebrales relacionadas con la atención, la memoria, las emociones y la percepción del propio cuerpo.
Entre ellas aparecen la corteza prefrontal, vinculada con la toma de decisiones y el control de la conducta; la corteza cingulada anterior, relacionada con la atención; la ínsula, que participa en la percepción de las sensaciones internas; el hipocampo, importante para la memoria y el aprendizaje, y la amígdala, estrechamente relacionada con las respuestas emocionales y ante posibles amenazas.

Cada vez que vuelves al presente estás entrenando tu atención
Una de las bases de la meditación consiste precisamente en detectar cuándo la mente comienza a divagar y dirigir nuevamente la atención hacia un punto concreto, como la respiración.
Ese mecanismo aparentemente sencillo ejercita procesos como la atención sostenida, la inhibición de respuestas automáticas y el control ejecutivo.
Un metaanálisis que reunió más de un centenar de investigaciones encontró efectos pequeños o moderados de la meditación sobre la cognición general y la atención ejecutiva, además de mejoras en algunas tareas de memoria de trabajo, inhibición y flexibilidad cognitiva.
Los resultados tampoco indican que meditar mejore absolutamente todo. No se encontraron beneficios significativos, por ejemplo, sobre la memoria episódica o la velocidad de procesamiento.
El cerebro también puede responder diferente al estrés
La meditación también ha sido estudiada por su posible influencia sobre la respuesta emocional.
Algunas investigaciones sugieren que la amígdala puede reaccionar con menor intensidad ante determinados estímulos estresantes, mientras que el entrenamiento de regiones como la corteza prefrontal podría facilitar una regulación más consciente de las emociones.
También se han analizado cambios en el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal, uno de los sistemas encargados de regular la liberación de cortisol, una hormona estrechamente relacionada con la respuesta al estrés.
Sin embargo, los resultados no son idénticos para todas las personas. Las reducciones significativas del cortisol se han observado especialmente en determinados grupos y dependen del tipo de práctica y de la forma en que se realiza la medición.

Meditar no elimina las emociones: cambia cómo reaccionamos ante ellas
Otro de sus posibles beneficios está relacionado con aprender a observar una emoción antes de responder automáticamente.
Una persona puede reconocer que está sintiendo ansiedad, enojo o preocupación sin intentar eliminar inmediatamente esa sensación. Esa pequeña distancia entre emoción y respuesta permite elegir con mayor deliberación qué hacer después.
La práctica también puede ayudar a reconocer cuándo la mente comienza a anticipar problemas futuros o a repetir pensamientos constantemente y volver voluntariamente al momento presente.
Esto no significa que las emociones negativas desaparezcan. La diferencia está en desarrollar herramientas para enfrentarlas de otra manera.
Incluso puede ayudar a dormir mejor
La reducción de la activación mental y de la rumiación también podría explicar por qué algunos estudios encuentran beneficios sobre el sueño.
Un metaanálisis de 18 ensayos controlados encontró que las prácticas meditativas podían mejorar la calidad del descanso frente a algunas intervenciones educativas. Sin embargo, sus resultados no fueron superiores a tratamientos consolidados como la terapia cognitivo-conductual o determinadas formas de ejercicio.
La constancia parece ser más importante que buscar una cifra mágica de minutos. Muchos de los programas científicos analizados duran aproximadamente ocho semanas, aunque varían considerablemente en frecuencia y duración.
Por eso, la meditación no debería entenderse como una fórmula capaz de eliminar el estrés, curar problemas emocionales o solucionar automáticamente el insomnio. Es una herramienta más.
Y aunque sus efectos sobre el cerebro pueden medirse, su principal utilidad podría ser mucho más sencilla: entrenar la capacidad de reconocer qué está ocurriendo en nuestra mente antes de reaccionar automáticamente ante ello.
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